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Elecciones EUA: De los males, ¿el menor?

De entre el bullicio, utopías
Zuri Grace Bretón

Cuatro tensos e inciertos días tuvieron que transcurrir desde las elecciones para que el pasado sábado 7 de noviembre se confirmara la victoria de Joe Biden como nuevo presidente de Estados Unidos y dar inicio a la faramalla circense de Donald Trump para aferrarse a la Oficina Oval, intentando impugnar en los juzgados con alegaciones de un supuesto fraude electoral realizado a través del servicio postal. Y aunque su triunfo hace cuatro años demostró que no se le debe subestimar, es evidente que ésta es principalmente una estrategia mediática para cuidar su “legitimidad” frente a su base de fanáticos seguidores. El mismo Biden lo expresa atinadamente cuando se le cuestiona sobre la negativa de Trump a admitir su derrota: “Francamente es embarazoso.

Foto: Pixabay

Y así como en 2018 en México festejábamos la salida del PRI de los Pinos, nuestros vecinos del norte están ahora de fiesta por el final del mandato de quien muchos consideran el peor presidente en la historia de EUA. Y es que justo esa era la verdadera consigna de estas elecciones, los estadounidenses no votaron por Joe Biden, sino en contra de Donald Trump.

Es decir que, seguramente el resultado hubiese sido el mismo con cualquier personaje medianamente respetable que ocupara la candidatura demócrata, pues el objetivo común era uno: Impedir la reelección del magnate neoyorquino. Y la convicción fue tal, que Joe Biden se convirtió en el presidente estadounidense más votado de la historia, ese es el grado de pasiones y polarización que genera Trump.

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Tal es la efectividad de la política de espectáculo. En México lo comprobamos también en nuestras pasadas elecciones y lo confirmamos día a día con las conferencias presidenciales diarias; la sobre-mediatización y la transformación de debates en shows televisivos, captan la atención del público de maneras que la política clásica nunca lo ha logrado.

Y es que si algo domina verdaderamente Donald Trump, son los medios, y una vez más le funcionó su técnica de provocación y polémica, porque aunque no haya logrado la mayoría en los comicios, la verdad es que la diferencia de votos fue mínima y más personas lo apoyaron este año que en 2016. Esto resulta una mayor hazaña tomando en cuenta los factores en contra: El mal manejo de la pandemia, el Impeachment (juicio de destitución), su opaca declaración de impuestos, los conflictos internacionales en medio oriente y el incumplimiento de prácticamente todas sus promesas de campaña…parece que el fervor en su contra no es tan apabullante como creeríamos, pues al contrario de la victoria más holgada que se auguraba para el partido demócrata, la contienda fue bastante pareja.

Quizá esto sólo confirma una cosa; la xenofobia e intolerancia que despide Trump está más arraigada al ADN estadounidense de lo que les gustaría admitir. Es ahí donde viene el gran reto que tendrá el gobierno de Biden; recomponer el tejido social completamente roto que se le está entregando.

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Porque es verdad que todo el planeta estaba en vilo a la espera de los resultados, es inimaginable lo que cuatro años más de la impulsividad y sinsentidos de Trump hubieran causado, no sólo por lo que representa su imagen con acusaciones de abuso sexual, misoginia y racismo, sino en temas críticos como tensión por conflictos bélicos latentes o la crisis ambiental que no sólo es negada por él, sino que en uno más de sus graves berrinches sacó a Estados Unidos del Acuerdo de Paris que busca que las naciones más poderosas comiencen inmediatamente un plan para reducir sus emisiones de gases contaminantes.

 

Así que, honestamente, el mundo entero dio un respiro cuando el lento conteo rebasó los 270 votos electorales que requería Biden para ganar, pues la inestable e impredecible administración de Trump tiene un impacto global, particularmente para México como vecino, no olvidemos los preocupantes días que vivimos el año pasado cuando estaba presente la amenaza del aumento de aranceles si nuestro país no se encargaba de frenar la caravana migrante centroamericana.

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Aunque claro está que esta victoria no significa que los problemas estén resueltos y podamos relajarnos. Como lo decía, la alegría ante los resultados electorales era por la partida de Trump y no precisamente por la llegada de Biden, quien dista mucho de ser un Mesías, quizá sería más acertado describir al nuevo presidente estadounidense como “un mal menor” o, por lo menos, uno ya conocido.

El ex vicepresidente de 77 años tiene una inspiradora historia digna de una novela de autoayuda, lidiando desde pequeño con bullying por ser tartamudo, más tarde la pérdida de su primera esposa e hija pequeña en un accidente automovilístico y, finalmente, la muerte de su hijo mayor por un agresivo cáncer. Sin embargo, no deja de ser el típico político gringo de vieja escuela y eso sólo significa una cosa: reforzar el imperialismo estadounidense. Ese que con cara amable y banderas de libertad y justicia ha practicado el intervencionismo por décadas.

Quizá si una sola cosa verdadera dijo Trump durante los debates, fue esa; Sus oponentes lo acusan de las crueles medidas impuestas en los centros de detención de indocumentados y, sin embargo, omiten que las jaulas usadas para separar a los niños de sus padres migrantes fueron construidas por ellos mismos durante la administración del carismático Obama, cuando Biden era vicepresidente. Precisamente ahí reside la peligrosidad de la máscara amigable y “progresista” de los demócratas.

Foto: Pexels

El caso de Kamala Harris, la mano derecha del ahora presidente electo es parecido, pues por un lado se trata de la primera mujer (negra e hija de inmigrantes) en ocupar la vicepresidencia, lo cual es un hito, pero por otro, tiene un cuestionable historial de no respaldar investigaciones en contra de brutalidad policial y como fiscala haber impulsado duras políticas de encarcelamiento.

Por supuesto que el discurso de superación de Biden fue aprovechado durante la campaña, aun así no fue suficiente para silenciar por completo los alegatos y sospechas de que es un depredador y pedófilo en potencia, pues tiene una reciente acusación de abuso sexual hecha por una empleada que trabajó para él hace 30 años, así como un largo expediente de videos en los que se le observa teniendo comportamientos visiblemente inapropiados con niñas pequeñas en eventos públicos.

¿Será que el cambio fue sólo de un estilo cínico y descarado a uno un poco más discreto? Es algo a lo que se deberá estar muy pendientes. Por el momento lo único seguro es que no se deben idealizar ni ignorar el pasado de las figuras públicas con poder. Ciertamente es un sabor agridulce el que deja esta transición histórica y si bien, el futuro luce más prometedor (o por lo menos más civilizado), dista mucho de ser color de rosa.


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