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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

¿Cómo se han adaptado a esta nueva normalidad? A veces me parece que ciertas cosas no han cambiado, pero otras cuesta recordar cómo eran… Lo que sí es que durante esta pandemia hemos comprobado que el crimen organizado y la inseguridad en México no descansan, el atentado del pasado 26 de junio contra el Secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, lo puso de relieve, exponiendo a la CDMX a una realidad de enfrentamientos armados, ajena a la capital hasta ese entonces. Asimismo las campañas políticas en EUA continúan su curso sin miramientos por el aumento día a día de las cifras de contagios en dicho país, (el último acto circense que se ha dado al respecto fue el lanzamiento de campaña presidencial del controvertido rapero Kanye West).

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Si bien, algunas cosas han continuado o retomado su rumbo natural, existen muchos otros ámbitos de la vida pública que continúan relegados. Cuando la supervivencia se convirtió en prioridad mundial ante la crisis sanitaria, las luchas sociales alrededor del mundo entraron en pausa. Ya hemos hablado antes de los múltiples estallidos y manifestaciones que se habían gestado en todo el mundo en los meses previos al brote de COVID-19, la pregunta ahora es, ¿qué pasa con el activismo en tiempos del coronavirus? ¿Hay un retroceso o se abren nuevas posibilidades?

Definitivamente el miedo colectivo ante la enfermedad y los protocolos de distanciamiento físico por prevención implican un gran debilitamiento para todos los movimientos sociales. Sin embargo, si algo demostró el estallido en semanas anteriores del movimiento #BlackLivesMatter, es que la sed de justicia y el hartazgo del pueblo pueden ser más grandes que ese miedo e inevitablemente orillan a actuar.

Pero, en un mundo donde las injusticias abundan y no descansan, ¿son las manifestaciones nuestra única alternativa? Es un dilema complejo cuando hacerlo compromete la salud. En estos tiempos modernos, habría que pensar si la misma globalidad de la que muchos reniegan, pudiese ser utilizada en favor de estas causas. Es decir, usar las herramientas mismas del sistema para resistirle.

Foto: Pixabay

La respuesta absoluta es sí. Si nuestras vidas personales se han volcado cada vez más al mundo digital, ¿por qué no aplicar el mismo principio para los movimientos sociales? Es hasta poético este principio, si se piensa en la web como este terreno sin fronteras y gestionado (casi por completo) por los mismos usuarios.

El ciberactivismo es una realidad, y la verdad es que tampoco es un concepto tan reciente, sin embargo, sí cobra un nuevo sentido en estos momentos donde es, quizá no la única, pero sí la alternativa más poderosa y a la vez segura.

Dentro del activismo web, que hoy es más necesario que nunca, hay distintas formas de actuar, probablemente lo primero que nos viene a la mente son grupos como Anonymous o WikiLeaks, hacktivistas organizados que utilizan la web para obtener información de los grupos de poder y exponerla a los ojos del mundo.

Foto: Pixabay

Por supuesto que las acciones de estos grupos tienen un gran impacto (y hasta histórico) a nivel global, como se pudo constatar con la filtración de los Panama Papers en 2016 que tuvo repercusiones legales importantes en diversos países. Sin embargo, no quiere decir que sea la única forma de lucha que se pueda dar a través del internet.

Recientemente el grupo de punk feminista ruso Pussy Riot en colaboración con el colectivo chileno Las Tesis (autoras del popular himno ‘El violador eres tú’), lanzaron un Manifiesto contra la Brutalidad Policial en América Latina, reiterando, pese al actual encierro, su denuncia permanente contra el abuso de poder y haciendo un llamado a todos a resistir y organizarse.

Manifestación #8M en la Ciudad de México, 2020. Foto: Zuri Grace Bretón

Este tipo de iniciativas demuestran que no sólo es posible, sino necesario seguir actuando, pues si algún efecto ha tenido esta pandemia ha sido el de acrecentar las brechas sociales y vulnerar aún más a quienes sufren la opresión. Por tanto, resulta indispensable visibilizar y hacer consientes los problemas, y para ello se debe fortalecer una red internacional de activismo.

Este tiempo de aparente pausa, puede ser aprovechado para generar espacios seguros, crear grupos, eventos virtuales, cursos en línea para compartir el conocimiento y así difundir el o los mensajes.

Las redes sociales pueden tener un verdadero impacto si se usan desde lo colectivo. En últimas semanas esto ha sido demostrado por los grupos de fervientes fanáticos de K-pop que han decidido usar su amplia presencia en redes para apoyar las manifestaciones sociales, o mejor dicho, sabotear los movimientos de odio.

Foto: Pixabay

Durante las marchas del #BLM en EUA, los fans del K-pop saturaron los hashtags de supremacía blanca con GIF’s y videos de sus grupos favoritos, enterrando así el discurso de odio. También llenaron de spam la App móvil del departamento de policía de Dallas, logrando que se diera de baja, pues en ella se recibían denuncias contra los manifestantes. Incluso estropearon el mitin de Donald Trump en Tulsa, Oklahoma el pasado 20 de junio, llenando todos los registros de acceso con información falsa y haciendo que el presidente estadounidense se encontrara con un estadio prácticamente vacío cuando supuestamente sería recibido por más de un millón de asistentes.

Qué gran demostración del alcance que pueden tener las redes sociales, cuando son usadas con creatividad y de manera organizada. Esto confirma que, cuando se trata de buscar justicia, las fronteras se desdibujan, pues el activismo es internacionalista por naturaleza. La unión hace la fuerza entre estos grupos, ya que el discurso es esencialmente el mismo, la lucha contra las desigualdades.

Tan esenciales son las alianzas internacionales que incluso AMLO, un mandatario que nunca sale del país, ni mucho menos usa cubrebocas, se encuentra actualmente apegándose a todos los protocolos sanitarios necesarios con tal de reunirse con Trump en Washington para discutir temas de interés “común” entre ambos países. Y esto no sólo se aplica en lo gubernamental; son incontables los tratados de comercio internacional que favorecen a las industrias capitalistas.

Entonces, ¿por qué no imitar los mismos mecanismos del sistema para combatirlo?, dentro de las muchas limitaciones que este encierro nos presenta, también surgen algunas oportunidades inesperadas que permiten seguir en resistencia desde nuestras casas. Poniéndonos ya muy soñadores, quizá pudiesen adoptarse como prácticas comunes en el futuro.


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