Diez formas para saber que estoy perdido

Ridículas Casualidades
Manuel Augusto

Is it too late now to say sorry?
Cause I’m missing more than just your body
Is it too late now to say sorry?
Yeah, I know that I let you down
Is it too late to say I’m sorry now?

Sorry — Justin Bieber

Como salida de la nada y esbozando un gesto amable rematado con una amplia sonrisa, aquella señora extendió su brazo para dejar a un lado de mi café, que seguía enfriándose sobre la mesa, un folleto que llevaba un título por demás revelador: “Diez formas para saber que estoy perdido”. Además, iba firmado en la parte trasera por un sello que suponía alguna iglesia o congregación evangélica.

La reacción inmediata-natural que tuve, sin al momento haber leído el título, fue rechazarlo (como lo haría con cualquier papel publicitario, que pocas veces cumple su función) o al menos intentarlo, pues la ágil señora ya había avanzado lo suficiente como para alcanzarla, o darle alguna importancia mayor a cero.

Ya que lo tenía irremediablemente entre mis manos, pensé en hojearlo, solo para dejarme maravillar por lo que pudiera encontrar entre líneas; experiencias pasadas similares me han brindado momentos de franca carcajada. Pero no lo hice, en cambio imaginé el contenido e inmediatamente me vinieron a la mente unos tuitazos, tan bobos como, quizá, ofensivos para quienes andan diciéndole a la gente (y aquí solo son conjeturas mías) que están perdidos y que (otra conjetura) Jesucristo es la salvación: el camión y el destino.

Como la conversación de café continuaba, guardé el folleto y las ideas para regresar a ellas después. Luego de un rato nos levantamos de la mesa. Doblé el folleto y lo guardé en el bolsillo trasero de mi pantalón.

Llegado el momento lo busqué sin éxito: ¡se había perdido! En algún punto se salió del bolsillo y quién sabe a dónde fue a dar. ¡Vaya ironía! Perdí aquello que me daría diez formas diferentes para saber si estoy o no perdido.

Entonces pregunté hacia la nada: qué habría pasado de haberlo leído en aquel momento, qué si hubiera encontrado alguna epifánica respuesta, qué si en verdad estoy perdido, qué si fue algo providencial que dejé ir tan fácilmente. A veces encontramos (o queremos encontrar) respuestas en cualquier lugar, hasta en el preciso estornudo del chofer que lo hizo parpadear por un segundo y detener la marcha del camión y con ello evitó haber prensado al motociclista que iba adelante de él.

Pero ya lo había perdido y es probable que no lo vuelva a encontrar, ni al folleto ni a la señora repartiéndolos. Tal situación me llevó a plantearme tres formas para saber si estoy(estamos) perdido(s), que poca o nula relación tienen con las evangélicos puesto que, como he mencionado, no leí su contenido.

1. En la vida, el día a día, ¿me di por vencido con el sueño de ser el rockstar que de niño juré que sería, más grande que los Rolling y abarrotando el estadio Azteca?

2.Sin que sean relevantes o urgentes, ¿actualizo de manera constante mis estados en las redes sociales? Entiéndase, hacerlo de manera enferma, desquiciada, con la firme intención de la no-intención, solo por escribir en 280 caracteres o más lo primero que llegue a los dedos, viviendo solo el presente virtual, no el real.

3.¿Soy simpatizante, militante o votaré por el PRI o PAN o sus respectivas coaliciones?

4.*Bonus ¿Le encuentro un gusto incontrolable e incomprensible, y además me sé la letra de la canción que abre este texto?

Es posible que sí, que estemos o estaremos bastante perdidos, pero quizá solo así será como verdaderamente nos vayamos a encontrar. Quizás en realidad no importaba el contenido del folleto, únicamente la idea. Quizá, quizá.

 

 





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