Rivatón de América, la llegada del doblaje para televisión a México (2ª Parte)


Adrián Gundislav – Historias del Doblaje

En Busca del Doblaje

Si te perdiste la primera parte:

Cuando la empresa Rivatón se inició en 1953 como un ambicioso proyecto de medios audiovisuales que abarcaría cine, televisión y doblaje, nadie de sus dueños, ejecutivos o empelados imaginó que el doblaje sería aquello que terminaría por darle una mayor trascendencia frente a la feroz competencia en el mercado del cine y la televisión. Aquí continuaremos con la saga de la empresa pionera del doblaje para televisión en México.

Ya establecidos en la calle de Villalongín, número 196 de la ciudad de México, los señores Adolfo de la Riva y Monty Kleban decidieron emprender el proyecto de doblaje de voz para televisión, contratando a un coterráneo del señor de la Riva, el cineasta Luis Cortés;  a otro coterráneo, pero del señor Kleban, el comediante, actor y cantante Irving Lee, quien también fue gran amigo y colaborador de Edmundo Santos; y a un cineasta de gran experiencia en los estudios Churubusco, el mexicano Víctor Urruchúa. Ellos tres, en un principio, fueron los encargados de la dirección artística y dirección de doblaje en los proyectos de la empresa Rivatón. Para realizar el doblaje de voz, echaron mano de actores que tuviesen experiencia previa en teatro, televisión, cine o radio, además de solicitar a algunos de los que ya habían tenido experiencia en el doblaje de voz ya sea como parte de los primeros experimentos en Fonomex, en los estudios Churubusco, o aquellos que habían viajado a Nueva York para el ambicioso proyecto de la MGM en 1944. Entre los actores que conformaron parte del primer grupo de la empresa Rivatón, estuvieron Dagoberto de Cervantes, Pedro de Aguillón García, Carlos David Ortigosa, Salvador Nájar, Omar Jasso, Juan Domingo Méndez, Tony Carbajal, Nelly Salvar, Roberto Espriú, Maruja Sen, Rosario y Dolores Muñoz Ledo, Nicolás Rodríguez (padre e hijo), Luis Aragón, Ismael Larumbe, Carlos Agosti, Claudio Brook, entre otros. Después se unirían los locutores Genaro y Rogelio Moreno, ambos sin parentesco familiar y pioneros de la televisión mexicana, Enrique Gilabert, las hermanas Silvia y Rocío Garcel, Patricia Morán, Ismael Larumbe, Amparo Garrido, Narciso Busquets, Víctor Alcocer, Antonio González, Guillermo Romano, Arturo Fernández, Magdalena Ruvalcaba, Rita Rey, Teresita Escobar, etc.

Había un detalle curioso en la empresa Rivatón, ya que en una de las paredes de la empresa existieron, enmarcadas, una serie de fotografías dobles donde se mostraba al actor original de las series extranjeras y a su contraparte que hablaba por ellos en español, de modo que se hacía, de algún modo para buscar el parecido físico entre el actor original y aquel que lo sonorizaba.

La primera serie doblada en la empresa Rivatón fue el western Cisco Kid (1951), y contó con las actuaciones del veterano actor de cine Luis Aragón como el protagonista Cisco, a su lado el actor y galán de cine y tv, Tony Crabajal, como su fiel ayudante Pancho. La dirección de doblaje corrió a cargo de Víctor Urruchúa. Más tarde, los estelares serían sustituidos por Pedro de Aguillón y Omar Jasso, ambos veteranos actores y comediantes en el cine, teatro, radio y tv mexicana. De esta serie en adelante, y debido al acuerdo comercial entre Rivatón y ZIV International, se doblaron el resto de las series de la época elaboradas por la casa productora norteamaericana. Entre ellas destacaron  Boston Blackie (1951) en donde el señor Carlos David Ortigosa (un personaje que, en próximas columnas, iremos develando su vital importancia para el doblaje de voz en México) dio su voz a Kent Taylor, Target (1957) y Su Historia Favorita (1953) donde el actor yucateco Juan Domingo Méndez prestó su voz a Adolphe Menjou; Yo viví tres vidas (1953), con Dagoberto de Cervantes dando voz a Richard Carlson, Patrulla de Caminos (1955) con Broderick Crawford sonorizado con la voz del actor anglo-mexicano Claudio Brook, Bat Masterson (1958), con el nicaragüense Guillermo Romano haciendo hablar al español a Gene Barry. Y quizás la serie más famosa de aquellos años cincuenta en Rivatón, fue El Llanero Solitario (1949) donde el declamador y actor Guillermo Portillo Acosta le dio voz en castellano a Clayton Moore.  Más tarde, se doblarían series como The Patty Duke Show (1963) con la voz de la cantante y actriz Rocío Garcel, como Patty Duke, La novicia voladora (1967) con Sally Field sonorizada en español por Silvia Garcel, hermana de Rocío.

Sin embargo, en 1965 empezaron los problemas para la empresa de la calle de Villalongín. Debido a la feroz competencia entre empresarios de doblaje por reducir precios y realizar la mayor cantidad de tiempo de doblaje, obligaron a Monty Kleban a vender sus acciones a los hermanos Candiani (quienes, también veremos en próximas columnas, fueron fundamentales en el doblaje mexicano). El estudio Rivatón cerró por seis meses después de la transacción, para después ser utilizado como sala extra alquilada para otras empresas de doblaje. Una de las causas de que la empresa Rivatón fuera perdiendo terreno frente al resto de sus competidoras fue que, además del trato distante y seco que los ejecutivos y dueños de la empresa tenían frente a sus trabajadores, las instalaciones carecían de estacionamiento automovilístico, complicando el presentarse a trabajar para la mayoría de los actores. A finales de los años setenta, la actriz y directora Anparo Garrido decide alquilar la sala de grabación de Rivatón, y funda su propia empresa, en ese entonces casi virtual, pues carecía de sede u oficinas. Esta empresa de breve existencia, se llamó Come In, y quizás la serie más recordada que se grabó fue Los Tigres Voladores (1976) con el recientemente fallecido locutor José Antonio Cossío doblando a Robert Conrad. Tras el fin del arrendamiento de la sala de grabación, la empresa Rivatón continuó con sus actividades de forma esporádica, doblando más bien proyectos muy específicos y especiales. El gran cambio que empezó a suscitarse en el doblaje de voz a partir de finales de los años setenta, en medio de las luchas sindicales y más tarde la desaparición de ciertas empresas competidoras, la aparición del doblaje en español en la ciudad de Los Ángeles, en una empresa fundada por empresarios mexicanos, terminaron por aislar y disminuir cada vez más la importancia de  Rivatón de América. Adolfo de la Riva moriría en la ciudad de México en 1984 y el señor Monty Kleban un año más tarde, en 1985.

Con la muerte de Kleban, coincidiría también en aquel año la desaparición definitiva de la vieja empresa formada por los pilotos norteamericano y español. Rivatón sentó un precedente en sus primeros años, buscando no solo realizar producciones audiovisuales de calidad sino también empleando las últimas innovaciones tecnológicas de la época, hasta que, la competencia natural entre las empresas, la venció. Pero quedan sus trabajos y sus actores, para aquel que quiera rememorar.

Fuentes






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