Agustín López Zavala, la voz del Cosmos


Adrián Gundislav – Historias del Doblaje

En Busca del Doblaje

En esta ocasión dedicaremos esta columna a un aniversario muy especial, el que sería el onomástico número ochenta de don Agustín López Zavala, actor y locutor mexicano nacido el 3 de octubre de 1937 en Huatusco, Veracruz, y fallecido en la ciudad de México el 3 de junio de 1993. Una de las voces más icónicas y recordadas por un sinfín de series, películas y documentales, aún cuando, su nombre, al igual que el de muchos actores que laboraron en el doblaje de voz, permaneció en oscuridad por muchos años. Esta columna está dedicada con cariño y admiración no solo a don Agustín López Zavala, sino también a la familia de don Agustín, en concreto, su hijo Agustín López Lezama y su nieto Agustín López Villaverde, también actores de doblaje.

Nacido en el pueblo de Huatusco, Veracruz, el 3 de octubre de 1937, el joven Agustín quiso dedicarse en un principio a las leyes. Emigró a la ciudad de México, donde emprendería con éxito sus estudios de abogacía. Pero mientras estudiaba la carrera de leyes, otra pasión surgió en el: el arte dramático. Al mismo tiempo que cursaba sus estudios de Derecho, empezó a estudiar arte dramático en el Instituto Nacional de Bellas Artes. Tras concluir ambas escolaridades, su primera oportunidad laboral se presentó como locutor de Radio UNAM, primero como suplente, y con el turno de madrugada; y más tarde, como locutor mayor. Uno de sus éxitos más grandes en este ámbito fue en una emisión cultural donde presentó y entrevistó a famosos y respetados intelectuales escritores, artistas de México. A inicios de los años sesenta, sin embargo, ocurriría un cambio en la carrera de Agustín, al ser invitado por el actor, hoy también fallecido, Sergio de Bustamante, a una rama de la actuación poco conocida y respetada hasta entonces: el doblaje de voz.

Gracias a su voz aterciopelada, elegante y fina, tremendamente adepta para narraciones y personajes sobrios y elegantes, Agustín ascendió rápidamente en los rangos del doblaje de voz. Trabajó en empresas como SISSA, CINSA, Sonomex y Grabaciones y Doblajes S.A. En SISSA, fue famoso por realizar la narración en algunas de las películas y series importantes de los años sesenta y setenta, además de ser la voz de Jesús en la tremendamente popular serie Jesús de Nazareth (1977), dando voz a Robert Powell. Poco tiempo después, en la empresa Sonomex, llegaría otro de los papeles más significativos de su carrera, al doblar la voz de científico Carl Sagan, en la extraordinaria serie televisiva Cosmos, logrando una simbiosis entre doblador y doblado pocas veces vista en este rubro. También realizó grandes trabajos de doblaje sonorizando a actores como Gregory Peck, Bing Crosby, David Niven y Glenn Ford, de quien era la voz habitual también. Como es natural, siendo actor, trabajó también en teatro, cine y televisión. En este último medio fue habitual en las telenovelas de la empresa Televisa: En 1987, actuó en Rosa Salvaje con Verónica Castro y en 1992, actuó al lado de la popular cantante Thalía en la telenovela María Mercedes.

Foto: Pixabay

A pesar de su elegancia y austeridad, Agustín tenía un lado jocoso. Era conocido entre sus compañeros del doblaje de voz por ser un gran bromista, una persona alegre y simpática, sin embrago, uno de los aspectos de su personalidad más entrañables y por los cuales es más recordado, es su tendencia a soñar despierto, a ser despistado y distraído en extremo. Entre las anécdotas chuscas que resultaban de esta tendencia, podemos mencionar que en una ocasión, Agustín debía interpretar la muerte de su personaje de villano en una telenovela. Para lograr el efecto de disparo sanguinolento, los actores que recibían impactos de bala de salva utilizaban una serie de bolsas de sangre falsa colocadas bajo la camisa o blusa. Pues bien, Agustín realizó la escena sin problemas, y al volver a casa, lo primero que escuchó fueron los gritos aterrorizados de su mujer, rogándole que fueran de inmediato al hospital debido a que parte del rostro de Agustín estaba manchado de sangre, Agustín, ingenuamente, tras verse al espejo, le diría a su esposa que solo era sangre falsa de la escena que había representado. Había olvidado limpiarse la salpicadura de horas atrás.

En otra ocasión, tras invitar a un grupo de amigos del doblaje de voz a su casa para una reunión, estos llegaron y encontraron a su esposa desconcertada por la visita inesperada. Le comentaron que Agustín los había citado en su casa a una determinada hora, y al final, al ver el desconcierto de la familia de Agustín, decidieron esperarlo. Pasaron dos horas, y al fin Agustín llego a casa. Tras preguntarle qué había sucedo, respondió campechanamente que había olvidado que tenía que realizar una grabación para televisión.

La voz de Agustín había cambiado en sus últimos años de vida. Ya no era la voz fresca de barítono ligero, sino una voz grave, señorial, más acorde con los personajes que solía representar. El vacío que permanece hasta la fecha con su voz cálida, precisa, educada, refinada, articulada y dotada de un magnífico ritmo y musicalidad, aun sigue pesando. Cuando algún escucha casual del doblaje recibe en sus oídos una narración o actuación realizada por el señor López Zavala, no puede sino admirar esa voz, y en muchos casos, reconocerla, aún si no se sabe su nombre y aún si Agustín, al final, debido a un infarto, ─y como dijera el también difunto Carl Sagan─ se convirtió en polvo de estrellas el 3 de junio de 1993. A la edad de 55 años se hizo uno con el Cosmos, y desde allá, es posible, que aún nos observe con su sonrisa ingenua y contagiosa…

 

 

 



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