¿Quién fue Edmundo Santos? (3ra Parte)


Adrián Gundislav – Historias del Doblaje

En Busca del Doblaje

 

Lee la primera parte de la narración:

Este relato basado en hechos reales cierra las entregas seriadas inspiradas en la vida del genio mexicano Edmundo Santos. En esta ocasión nos hemos inspirado en un documento hallado por el autor, con fecha del 19 de junio de 1944, en el que, partiendo desde Eagle Pass, Texas, el señor Santos viajaba rumbo a Los Ángeles, California, para dirigirse a los estudios de la empresa Walt Disney Producciones, al tiempo que reanudaba su estancia en dicha ciudad.

El teléfono chirrió con un sonido metálico. Pero apenas y fue escuchado en el tráfago de inmigrantes, en su mayoría mexicanos y estadounidense que esperaban ansiosos en la ventanilla de la aduana, que estaba tardando más de lo habitual en abrir.

Al otro lado de la ventanilla, los empleados aún esperando los efectos del café matutino, realizaban los últimos papeleos de emergencia antes de abrir la sucia ventanilla. Volver de regreso a donde todo empezó: El ahora señor Santos, de cuarenta y dos años de edad, estaba en la fila. Usando un fino sombrero que cubría su calva cada vez más notoria, movía impaciente las monedas dentro de sus bolsillos, haciéndolas chocar entre sí, produciendo melodiosos trinos metálicos. Ya usaba gruesas gafas de pasta la mayor parte del tiempo, cada vez le costaba más trabajo ver de lejos y de cerca.

Foto: Pixabay

Aunque había subido mucho de peso desde sus días de bailarín de tap en los escenarios neoyorkinos, aun practicaba de vez en cuando la danza, sobre todo desde que había conocido hacía poco a una joven y prominente bailarina cubana, de nombre Carmen, quien le había hecho el favor de cuidar a su pequeño hijo David, que había viajado con él desde la separación de sus padres debido a sus estilos de vida tan ajetreados y dispares. Al final, para dejar de seguir descuidando los estudios del niño, Edmundo resolvió llevarlo a casa de su madre en la ciudad de Piedras Negras, donde el pequeño David realizaría sus estudios y viviría en adelante. Esta quizás, fue una de las decisiones más difíciles y descorazonadoras para el señor Santos, ya que no deseaba separase de su hijo, pero a la vez, deseaba que el niño tuviese muchas más oportunidades, una mejor educación y un mejor nivel de vida que él mismo.

Suspiró. Hace poco que había conocido a una joven veintitrés años menor que él, de nombre Alicia, y se habían enamorado perdidamente el uno del otro. Ella era hermana , a su vez, de una joven llamada Gloria, quien se había casado con un hombre a quien Edmundo conoció en sus viajes y con quien trabó amistad, el alegre y simpático José Manuel, con quien, además, había viajado por primera vez a los grandes y respetados estudios de animación en Burbank, California. Cuando Edmundo lo llevó para mostrarle aquellos doblajes de voz y sonorizaciones que se realizaban a cargo del mismo señor Santos, uno de los ejecutivos, nombró narrador oficial de todas las producciones y películas de la empresa al sorprendido José Manuel Rosano, tras oír su voz educada por su trabajo en el teatro y en el radio en la Ciudad de México. El señor Rosano no acabó de dar crédito de lo ocurrido durante varios días.

Por su parte, Edmundo obtuvo ese puesto tan importante en las circunstancias más inesperadas, después de realizar una crítica en la radio mexicana, en la que fustigó las carencias técnicas, rítmicas y de lenguaje que habían hecho los actores argentinos, a quienes en un principio la empresa Disney encomendó traducir y sonorizar en español sus películas animadas. Los ejecutivos de Disney, tras citarlo en los estudios Disney, lo retaron a mejorar el trabajo de los argentinos, traduciendo y adaptando la letra de la canción principal de aquella película de animación basada en el cuento de Carlo Collodi, el famoso Pinocho. Edmundo hizo el trabajo de adaptación y los estudios quedaron contentos. Tras varios viajes de trabajo a la empresa estadounidense, por fin, Edmundo pudo conocer a aquel hombre de bigote, sonrisa afable y cabello entrecano que, con su hermano, había fundado la más grande empresa de animación en el mundo hasta ese momento. El hombre admiraba la pericia, astucia y enorme sensibilidad artística del señor Santos, mientas que Santos admiraba la creatividad, la visión, el sentido empresarial y habilidad para los negocios de Walter Elías Disney. Edmundo no lo sabía, pero, satisfecho con sus viajes a la empresa Disney, estaba haciendo historia por primera vez, una historia que cambiaria para siempre el curso del cine, la televisión y el espectáculo en general de los países de habla hispana…

A pesar de eso, la pena seguía embargándolo. No se olvidaba de su hijo David, a quien visitaba cada que podía, aunque las visitas eran casa vez más espaciadas y esporádicas. Algún día se reunirían, aunque ahora vivía en los Estados Unidos, con una nueva esposa y un proyecto de trabajo muy ambicioso, algún día reiría de nuevo y jugaría con su amado David… El camión salió lento a través del desierto texano, mientras Mundo, como lo apodaban sus amigos, tenía el corazón dividido entre la tristeza y la alegría.

Fuentes

 



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