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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

¿Cómo será el tan anhelado regreso a la “nueva normalidad” una vez que pase la cuarentena?, es algo que debiésemos de empezar a cuestionarnos, pues este miércoles 13 de mayo, el gobierno federal anunció su plan para la reapertura de actividades no esenciales en nuestro país, sujeto a un semáforo por regiones. La Jornada Nacional de Sana Distancia está prevista para finalizar el 30 de mayo y hasta el momento no se ha anunciado alguna nueva extensión de la misma. Se estima que para esa fecha se haya superado ya el pico máximo de la tan mencionada curva epidémica.

Eso, o simplemente la economía nacional no podría sobrevivir a una pausa más larga. No es para tomarse a la ligera que el Consejo Nacional para la Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social (Coneval), augure un aumento de entre 9 y 10 millones de mexicanos en situación de pobreza y de 6 a 11 millones en pobreza extrema. Dicho organismo asegura también que ninguno de los 19 programas sociales establecidos por la administración para contrarrestar esta emergencia pandémica, “se dirige explícitamente a la población en situación de pobreza”. Parece que fue mayor el enfoque en el impulso a las Pymes, que al rescate de los más marginados.

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Este panorama de la muy pronta y más que necesitada reactivación económica nos deja ante el cuestionamiento, ¿cómo se vivirá en México? Si bien, la situación económica-social-cultural de nuestro país difiere mucho a la de los países europeos, quizá podemos tener un pequeño vistazo a nuestro futuro a través del ejemplo de aquellos que ya iniciaron esta misma semana su propia transición.

Puede que resulte contradictorio proponer esta teoría, contemplado la grave recesión económica que parece avecinarse, sin embargo, a su propia escala y contemplando la relativa estabilidad económica de las clases medias y altas mexicanas, es muy probable que el abarrotamiento a tiendas de ropa y belleza como se vio en recientes imágenes provenientes de la capital francesa, se vuelvan una realidad en nuestro país en algunas semanas más.

Foto: Pixabay

Pues esta alta necesidad de consumismo, es un fenómeno social global que no distingue nacionalidad, nivel educativo o clase social. Cada persona, conforme sus medios le permitan, consumirá. No hace falta salir para comprobarlo, el alto incremento del comercio electrónico en todo mundo por parte de personas que antes, nunca o rara vez compraban en línea, es tan sólo el preámbulo de una muy probable futura saturación en los centros comerciales del país.

Así se trate de comprar una pizza en la cadena Little Caesars, como lo visto hace poco en México, o adquirir ropa de marca en las tiendas Zara como se capturó en París. Las largas filas (sin el respeto a la sana distancia o al uso de cubrebocas), serán una realidad que viviremos pronto.

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Lo anterior, no sólo para obtener bienes, sino también servicios. Ante las restricciones vividas, seguramente muchos valorarán la industria del entretenimiento más de lo que antes se hacía. Establecimientos como cines, teatros y bares prevén reanudar sus operaciones al 30% de su capacidad. Esto muy probablemente implique un aumento en el valor de dichos servicios, que, no obstante la indignación, muchos usuarios estarán dispuestos a pagar por la necesidad, no básica, pero sí apremiante, de tener una válvula de escape para la ansiedad y aburrimiento acumulado en las semanas de confinamiento.

Foto: Pixabay

Tal como se vio con la imposición del 16% de IVA para plataformas digitales, que causó grandes molestias entre los consumidores por el aumento a las tarifas, pero que difícilmente implicará una reducción de usuarios de Netflix o Spotify.

En esta sociedad de hiperconsumismo en la que vivimos, resulta triste, pero realista pensar que aquella normalidad que tanto deseamos no se verá reestablecida con imágenes entrañables de familias reuniéndose en parques, sino con interminables filas en plazas comerciales.

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Ya veremos si el tiempo nos da la razón al respecto, mientras tanto hay algunas cuestiones más inciertas aún… ¿Pasará pronto el furor por López-Gatell, la figura política revelación del año? ¿Habrá un temido segundo brote de COVID-19 por los descuidos de la ciudadanía? ¿En qué medida se verán afectados los proyectos de la 4T por la crisis económica?

Esas y otras interrogantes necesitarán más tiempo para obtener una respuesta, quizás la mayoría de éstas no sean tan gratas, pero por ahora, tiempo nos sobra para filosofar, divagar e imaginar utopías del porvenir.

 

 


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