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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

Dos meses y dos días exactamente desde el primer caso de coronavirus en México y prácticamente 5 meses desde que se detectara la amenaza en el remoto poblado de Wuhan, China, ciudad antes desconocida para el resto del mundo y ahora inolvidable para quienes presenciamos este capítulo de la historia, escribirse en tiempo real.

Cartón Caricatura

El último grito de la moda

Los días y semanas transcurren, las cifras de casos positivos se elevan por miles conforme entramos a la temida fase 3, y pareciera que no pasa nada en la esfera social que no sea el Covid-19…o quizá no es eso, porque en realidad pasa mucho y todo al mismo tiempo (la caída sin precedentes del precio internacional del petróleo, OVNIS confirmados por el Pentágono, incremento en tasa de feminicidios en CDMX, etc), pero nada de esto resulta lo suficientemente importante como para dedicarle más de unos minutos de espacio en la agenda pública, o mejor dicho, incluso cuando hablamos de otros temas, seguimos hablando del Coronavirus, pues todo está relacionado con él de alguna manera. Todo es consecuencias de, depende de, o simplemente pierde relevancia ante él.

Y es que por más que deseo escribir sobre otro tema para evitar repetirme, me resulta complicado pensar en cualquier otra cosa por mucho tiempo. Se tiene la sensación de estar en un permanente estado de sopor (porque la vida está en pausa) y de simultáneo alarmismo (pues todo es incierto).

(Imagen: Pexels)

Las inspiradoras luchas sociales que se habían gestado en últimos meses se tuvieron que poner también en indefinida pausa y muy probablemente ello implica un gran retroceso en el terreno que se había ganado a base de resistencia en todo el mundo, desde Hong Kong, hasta Santiago de Chile.

Más triste aún es pensar en la posibilidad de que ante tiempos tan inestables, las sociedades sedientas de la seguridad de un estado paternalista, cedan sus exigencias y agradezcan la sensación de control que pueden transmitir los regímenes autoritarios y abracen la imposición de un estado controlador, cediendo voluntariamente derechos tan básicos como lo puede ser la privacidad, como está sucediendo ya en todo el continente asiático.

Por otro lado, esta pausa, significó también un cese (por lo menos momentáneo) a las guerras que se libraban en Medio Oriente, tensión que llegaba a niveles alarmantes en semanas previas a la declaratoria de pandemia a causa del intercambio de ataques militares entre Estados Unidos y Siria…Cuán lejano se escucha recordar todo esto, ¿verdad?

(Foto: Pexels)

Y aunque, el miedo hizo que los incansables idealistas se refugiaran en sus casas, el coronavirus no ha necesitado de la eterna lucha de clases para poner en evidencia lo fallido que resulta el actual sistema social y económico mundial. Sin necesidad de manifestaciones el mundo ha sido testigo de lo insostenible que es el modelo capitalista, claro ejemplo es la crisis que vive Estados Unidos como epicentro de la emergencia sanitaria.

El renombrado historiador israeli, Yuval Noah Harari, asegura que, “Los gobiernos que ahorraron gastos en los últimos años recortando los servicios de salud, ahora gastarán mucho más a causa de la epidemia.” Asimismo vaticina un futuro poco esperanzador al asegurar que el manejo que se le dé a esta pandemia influenciará la política y economía mundial por décadas.

Vemos confirmado lo anterior en la nación emblema y principal promotora de este modelo económico que se hunde actualmente en la peor recesión económica de su historia por el llamado “Great Lockdown”. Los mismos políticos estadounidenses cuestionan si la gestión a nivel Federal y su sistema de salud exclusivamente privado han resultado eficientes al enfrentar una pandemia de esta magnitud.

El propio Gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, expresaba en su conferencia de prensa del pasado 31 de marzo, las dificultades ridículas que han encontrado los gobiernos estatales de EE.UU para conseguir insumos médicos básicos, «Tienes a 50 estados compitiendo para comprar los mismos productos, ofertando en las subastas como si estuviéramos en eBay…literalmente una empresa llama para decirte, ‘Bueno, California paga más que tú’… y la subasta sigue subiendo… ¡Qué ineficiente!«.

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Suena a que la propia cuna del neoliberalismo está sufriendo a causa de “las bondades” del Libre Mercado, ¿no? Por primera vez ‘el Tío Sam’ no juega su usual papel como bondadoso salvador del mundo y dista mucho de ser ese héroe hollywoodense que la cultura pop nos ha enseñado que es. En este drama de la vida real, no ha podido ni salvarse a sí mismo.

¡Qué tiempos estos! Tan paradójicos, donde el gigante capitalista sufre y su población agoniza (principalmente las minorías negras y latinas, como era de suponer), mientras el pequeño socialista Cuba (sitiado y bloqueado comercialmente por décadas) exporta ahora por miles a todos los rincones del mundo, su mejor producto: brigadas de médicos de clase mundial para salvar vidas. Por supuesto, este fenómeno ha tenido casi nula difusión por parte de los grandes medios, pues aún en estos tiempos de tragedia humanitaria, la prioridad es y será mantener el status quo.

Más paradojas aún; el mundo no había estado nunca tan conectado como ahora, producto de la globalización y este preciso fenómeno ha resultado (quizá en igual medida) maldición y bendición. Por un lado la información, avances médicos y científicos, e insumos viajan a velocidades antes inimaginables salvando así miles de vidas. Por el otro, la desinformación, fake news y el virus mismo, le deben su rápida propagación a la misma globalidad en que estamos inmersos.

¿Será esta crisis global, sin precedentes, suficiente lección para hacer recapacitar a las potencias mundiales y enderezar el rumbo de la historia?, ¿o el mundo estará tan desesperado por volver a la “normalidad” una vez que esto pase, que ignorará conscientemente que esa misma normalidad fue la que nos llevó al estado actual? Tendremos que darle el beneficio de la duda al tiempo…

 

 


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