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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

Ha pasado menos de un mes desde que se diera inicio a la Jornada Nacional de Sana Distancia y aún menos desde la declaratoria oficial de emergencia sanitaria nacional el pasado 31 de marzo. Sin embargo, cuesta trabajo recordar los tiempos del contacto humano, las plazas comerciales y los conciertos, ¿no?

Cuando se piensa con objetividad, pareciera exagerado decir eso, pero, a pesar de llevar pocas semanas en confinamiento (en comparación con países europeos o asiáticos), es innegable que se respira un ambiente muy distinto en nuestro país (o por lo menos en la CDMX y zona metropolitana donde se reporta una disminución de más del 60% en la movilidad).

(Imagen: Pixabay)

Cuando todo esto pase…”, se ha convertido en la frase más cotidiana y mientras tanto las empresas y personas en general han tratado de ajustar sus vidas y actividades a la nueva “rutina de cuarentena”, encontrando en algunos casos soluciones que demuestran el alto nivel de creatividad e ingenio mexicano. Por ejemplo, en últimos días se han transmitido en todos los programas deportivos la ‘E Liga MX’, es decir la liga de futbol mexicano, juagada remotamente en internet a través del videojuego FIFA con diferentes jugadores representando a sus equipos en los controles.

No sólo los canales deportivos han encontrado maneras de seguir generando contenido, sino que existen sectores que no sólo no atraviesan una crisis actualmente, sino que se han visto beneficiados de alguna manera por la pandemia. La red social china, Tik Tok ha sido la más descargada en lo que va del año y ni hablar de las aplicaciones de reparto de comida como Uber Eats o Rappi. Para la adquisición de productos, el e-commerce (compras en internet) se ha convertido prácticamente en la única opción y en cuanto al entretenimiento, las plataformas de streaming (Netflix, Prime, HBO) se han convertido en la principal fuente.

Por supuesto, todo lo anterior, beneficia únicamente a las clases privilegiadas, visibilizando aún más las brechas sociales en nuestro país y el mundo. El hoy muy popular home office, es una alternativa impensable para la mayoría de la clase trabajadora en México que se encuentran ante un panorama bastante incierto.

(Imagen: Pexels)

¿Qué hacemos el resto frente a esta dura realidad?, quienes sí tienen el privilegio y deciden actuar responsablemente acatando el llamado de “Quédate en casa” de López-Gatell (el personaje nacional más querido y popular en estos días), se han recluido en sus hogares, refugiándose hoy más que nunca en el mundo virtual que ofrecen las redes sociales, donde poco se ve de la precariedad e inestabilidad económica y mucho de memes, cantos en balcones o coreografías de Tik Tok.

Y es que, en esta era de la posverdad (innegable al ver que muchos prefieren creer en teorías de conspiración antes que lavarse las manos), la trivialización de la crisis (en forma de rutinas de ejercicio en casa y recetas para la cuarentena), ha funcionado como válvula de escape que nos permite distanciarnos emocionalmente de lo que se vive a nivel mundial.

Esta disociación de un gran sector de la población que se niega a ver la gravedad de la situación a pesar de la altísima cobertura mediática, se convierte en un gran peligro cuando se refleja en el actuar irresponsable y poco empático que miles tuvieron al ignorar las recomendaciones de Sana Distancia y acudir a los festejos públicos de la pasada Semana Santa en diferentes estados de la república como Chiapas o Guerrero.

Pese a ello, el gobierno ha declarado que se niega a aplicar medidas más autoritarias como toques de queda o penalizaciones, pues apelan a la empatía y prudencia del “pueblo sabio”, es decir, creen que quienes estén en posibilidades de hacerlo, serán prudentes para quedarse en casa en compensación por aquellos que no.

Cartón

Sin embargo, esto no implica la falta de intervención en las actividades determinadas como no indispensables. Por ejemplo, toda reunión con más de diez personas puede ser denunciada ante autoridades y los cuerpos policiacos acudirán a dispersar a la gente, como lo hicieron con los vacacionistas que neciamente se concentraron en las playas los pasados días feriados.

Parece esto es un acto congruente con un gobierno que conoce la realidad de la mayoría de mexicanos que viven “al día” y no tienen la oportunidad de ganar el pan desde la comodidad de sus hogares. Esperemos que estas acciones sean suficientes para desacelerar el contagio y “aplanar la curva”.

No se debe perder de vista que muy cerca de nosotros, el vecino del norte se enfrenta a una de sus mayores crisis económicas desde la Gran Depresión por haber subestimado este enemigo invisible. En Estados Unidos el fenómeno ha sido bautizado como ‘The Great Lockdown’ (El Gran Encierro), y son actualmente el epicentro de la tragedia con más de 600 mil casos positivos y 28 mil defunciones a causa de este virus. Les tomó poco tiempo y un exceso de confianza llegar a ese punto.

Así que mantengámonos bien informados (ayudemos a compartir información valiosa), cuidemos nuestras reservas de paciencia y, por salud mental, quienes puedan distraerse, desempolven los juegos de mesa, pues nos hace falta un largo camino para el anhelado “cuando todo esto pase…”.

 

 


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