default-logo

De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

La mañana del viernes 28 de febrero se confirmó en México el primer caso de COVID-19 en CDMX y un sospechoso en Sinaloa (que más tarde sería confirmado), bastaron pocas horas para que farmacias y supermercados reportaran desabasto de spray desinfectante Lysol y cubrebocas.

El mexicano siempre precavido, ¿no…? Lo curioso es, que hasta el jueves 27, el ciudadano promedio seguía saludando de beso, tapándose la boca con la mano al toser, lavándose las manos con poca frecuencia, tocándose el rostro con manos sucias, etc. Todos actos inconscientes que se realizan diariamente. Bastó la simple noción de que el virus había llegado a México para que las compras de pánico se hicieran presentes y circularan videos de personas peleándose por cajas de cubrebocas.

(Imagen: Pixabay)

¿Suena familiar? Apenas hace un año el país se recuperaba de un largo desabasto de gasolina, consecuencia de las medidas gubernamentales para reducir el robo de combustible, pero altamente agudizado a partir de las filas kilométricas de conductores que requerían urgentemente llenar el tanque de su auto para “prepararse ante la crisis” (siendo que los mismos usuarios rara vez consumen tales cantidades de gasolina).

Estos cambios repentinos en los comportamientos de consumo usual (compras de pánico), son indicadores de una clara tendencia de los mexicanos a la histeria colectiva, que es replicada y amplificada por los medios de comunicación que tienen un enfoque más alarmista que precautorio, y el mal uso de las redes sociales que promueven desinformación (ejemplos históricos hay muchos, por mencionar algunos recientes: los saqueos a supermercados derivados del último gasolinazo en enero del 2018 o el caso de la niña Frida Sofía en el sismo de 2017).

Cartón

En conferencia de prensa el 1ro de marzo, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, hacía llamado a no saturar las clínicas de servicios médicos públicos, pues aquellos que acuden preocupados y con sospechas, son en su mayoría pacientes con infecciones respiratorias comunes (lamentablemente la paranoia y tendencia hipocondríaca de los mexicanos hace que se entorpezcan las operaciones de control).

Únicamente aquellos pacientes que hayan viajado recientemente a los países más afectados por el coronavirus y cumplan con cierto perfil, serán canalizados conforme al protocolo establecido por las autoridades sanitarias. Actualmente (con corte al 4 de marzo) se tienen confirmados únicamente 5 casos positivos en el país y 38 sospechosos, sin declararse emergencia alguna hasta el momento. De hecho, el primer paciente positivo en México, ya fue dado de alta y solamente continuará por unos días en aislamiento domiciliario preventivo.

(Imagen: Pixabay)

No está de más aclarar algunos números del COVID-19 que podrían ayudar a ponernos en perspectiva:

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro de China, donde se originó el virus, la tasa de mortalidad está entre el 2% y el 4%, pero fuera del país asiático la tasa se reduce al 0,7%. Las probabilidades de contagio (y gravedad del mismo) disminuyen considerablemente en toda la población menor a 60 años, siendo el grupo de personas mayores a 70 años el más vulnerable, pues se asocia a un sistema inmunológico más débil.

Es decir, es más probable ganar la lotería en México que contagiarse de Coronavirus, lo comento por aquellos interesados en adquirir cachitos de la obsesiva rifa del presidente, que “coincidentemente” salen a la venta el 9 de marzo, misma fecha de #UnDíaSinEllas (en la que, por cierto, el premio no es el avión presidencial).

Por supuesto que la acotación anterior no tiene la intención de subestimar la amenaza mundial latente que representa este brote, por el contrario, es de suma importancia estar informados y pendientes de sus avances. Mejor dicho, lo que pretendo es hacer un llamado a la precaución y al pensamiento crítico por encima del alarmismo, claro que es indispensable aplicar las medidas higiénicas que están en nuestro poder y evitar a toda costa compartir fake news o información amarillista.

Resulta una verdadera ironía el comportamiento paranoico que tenemos como sociedad frente a un brote de virus con mínimas probabilidades de contagio, cuando en comparación somos tan apáticos y pasivos ante problemáticas de suma gravedad, cuyos síntomas e información verídica son tan contundentes (violencia de género o emergencia climática, específicamente).

No hablaba a la ligera el escritor francés André Breton cuando en 1938, después de visitar nuestro país, aseguraba “No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo”.

 

 


Relacionados