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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

El 13 de julio de 2013, George Zimmerman, militar retirado estadounidense, fue declarado como inocente del cargo que se le imputaba por el asesinato de Trayvon Martin, un adolescente afrodescendiente de 17 años. La absolución fue la gota que derramó el vaso para la comunidad negra estadounidense y por su alcance mediático, el caso desencadenó el movimiento #BlackLivesMatter (Las vidas negras importan), con el que esta minoría históricamente discriminada, violentada y abusada, exigía respeto y un trato equitativo y digno ante la justicia americana, que constantemente perdona casos de brutalidad policial (e incluso asesinatos como el de Trayvon) en contra de jóvenes negros, desarmados, y que no están cometiendo crimen alguno, simplemente por lucir “sospechosos”.

Imagen: Pixabay

El movimiento tuvo gran impacto, despertando la conciencia de muchos a la realidad de un Estados Unidos racista y que poco ha avanzado desde que Martin Luther King pronunciaba su famoso discurso “Tengo un sueño”. Como respuesta, al #BlackLivesMatter, surgió el hashtag #AllLivesMatter (Todas las vidas importan), y poco tiempo transcurrió para que algunos fueran aún más lejos al proponer #WhiteLivesMatter (Las vidas blancas importan). Lo anterior propuesto por grupos blancos que alegaban sentirse “excluidos” y señalados por el movimiento afrodescendiente. Esto llevó a una discusión común hoy en día; ¿Existe el racismo inverso?

Algunos proponen al racismo inverso como la noción de que el movimiento de las voces negras se ha empoderado tanto, que se ha vuelto “radical” y “exagerado” y ahora ellos son las víctimas y son discriminados por la sociedad. Sus principios proponen que, por ejemplo, si los negros tienen su Mes del orgullo negro (en el que conmemoran su lucha contra la esclavitud y segregación por más de 400 años), ellos también deberían de tener su Mes del orgullo blanco (¿para celebrar sus milenios de privilegios?). En la misma línea, aseguran que existen muchos blancos que también son violentados y no se trata de crímenes de odio racial.

Esta confrontación entre grupos vulnerables y otros privilegiados (que no se asumen como tal), no es exclusiva de las razas, se da también entre colectivos LGBTQ y quienes hacen comentarios como “a este paso va a ser mal visto ser hétero” e igualmente se parece bastante a los comentarios de “a los hombres también nos matan”, “no es por género, simplemente es violencia en general”.

Lo que nos lleva al asunto de hoy, la discusión que inunda nuestras redes sociales; Las denuncias y exigencias desbordadas por la alarmante cantidad de 10 feminicidios en promedio al día en México. ¿Por qué era necesaria la larga introducción del racismo inverso? Para poner las cosas en perspectiva con un caso bastante similar, pero un tanto ajeno a la sociedad mexicana (quizá eso permita mayor objetividad).

¿Seríamos capaces de asegurar que los crímenes raciales no existen?, entonces, ¿por qué negamos que las mujeres (un grupo históricamente violentado por siglos) son aún víctimas de violencia de género?, peor aún, ¿por qué es tan común que se subestime la evidente epidemia de feminicidios que sufre nuestro país?

No podemos esperar que las generaciones futuras cambien si la nuestra no asume el problema primero, así que vale la pena hacer algunas anotaciones al respecto. Sí, efectivamente en México son asesinados más hombres que mujeres al día, de hecho, en total son asesinados un promedio de 100 mexicanos al día (entre hombres y mujeres) por causas múltiples y variadas, pero particularmente, el diez por ciento de ese total de homicidios, son casos focalizados que por su naturaleza y características en común se denominan como “feminicidios”.

Es decir, en promedio más de 10 mujeres al día son asesinadas, pero las estadísticas apuntan a que por lo menos 10 de estos asesinatos (cometidos por hombres), cumplen con una o más de las siguientes características, por lo que son tipificados de manera particular:

  1. La víctima presenta signos de violencia sexual de cualquier tipo;

  2. A la víctima se le infligieron lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

  3. Existen antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

  4. Existe entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

  5. Existen datos que establecen que hubo amenazas relacionadas con el hecho, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

  6. La víctima fue incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

  7. El cuerpo de la víctima fue expuesto o exhibido en un lugar público.

Todo lo anterior se encuentra detallado en el documento Lineamientos para el registro y clasificación de los presuntos delitos de feminicidio para fines estadísticos, emitido por la CNPJ, donde también se detalla claramente que “La violencia contra las mujeres tiene su origen en la desigualdad de género, es decir, en la posición de subordinación, marginalidad y riesgo en el cual éstas se encuentran respecto de los hombres.

¿Coincide esta descripción y características con esas decenas de posteos de noticias de cadáveres encontrados en bolsas y anuncios de mujeres desaparecidas que ya estamos cansados de ver en nuestro feed de Facebook?

Sí, quizá para los más indiferentes resulte repetitiva e irritante la cantaleta de las mal llamadas “feminazis”, por supuesto que incomoda que a diario se nos muestren, sin pedirlo, los nombres y las fotos y los llantos y los reclamos… al final, nos metemos a nuestras redes sociales para distraernos y ver unos cuantos memes, ¿no?

¿No debería ser precisamente ese el síntoma más alarmante? Que una noticia sea tan grande y grave que sin buscarla se presente ante nosotros, como una verdad que busca ser reconocida. Y no lo niego, la verdad es tan cruda y cruel, que incomoda, y para muchos es preferible ignorarla, evitarla. Pero la situación no está para eso.

Ya era tiempo de que nos diera comezón esta verdad incómoda, de plagar las calles con los rostros de Ingrid, cuya imagen descuartizada fue insensiblemente expuesta en medios, o el de Fátima de 7 años, asesinada sólo 48 horas después y los de las otras 9 mujeres que murieron junto a ella el 11 de febrero y de las 90 más que han sido asesinadas desde entonces (estadísticamente hablando), algunas seguramente mientras escribo estas líneas.

Sí, quizá da miedo decir que eres feminista, exigir y denunciar y que te juzguen y menosprecien como feminazi extremista, pero da más miedo vivir en una sociedad donde mañana puedes ser tú a la que le arrebaten el futuro.

 

 


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