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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

Sucedió lo imaginable, este miércoles 5 de febrero Donald Trump fue absuelto por la Cámara Alta de su país del proceso de Impeachment que llevaba gestándose desde hace varios meses. Como era de esperarse, la mayoría republicana del Senado de Estados Unidos votó a su favor, absolviéndolo así de los cargos de abuso de poder y obstrucción al congreso.

Cartón Caricatura

Parece que no es suficiente muestra de abuso de poder, la llamada telefónica con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en julio del año pasadodonde presionaba a su homólogo con retener $391 millones de dólares en ayuda a Ucrania a cambio de que dicho país investigara a su posible futuro contendiente electoral, Joe Biden y a su hijo.

La absolución implica que el presidente norteamericano, podrá continuar con su cargo y postularse para reelección este año. Ante ese escenario, el pasado proceso de Impeachment, no sólo no le afecta, sino que beneficia para la narrativa de mártir, en la que los demócratas son obstáculos que le impiden llevar a su país a la grandeza que les había prometido durante su candidatura (ejemplo de esta postura, es el cierre de gobierno más largo de la historia de EUA, que cesó justo hace un año después de 5 semanas de “berrinche” por falta de aprobación del presupuesto para la construcción del muro fronterizo).

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Más que representar un duro golpe a su imagen pública, al ser el tercer presidente en enfrentarse a un juicio de destitución, hay altas probabilidades de que el equipo de marketing político y comunicación del presidente, usen esta carta a su favor. No sería la primera vez que invierten una situación en apariencia desventajosa.

No olvidemos que el mismo hombre que se sienta ahora en la oficina oval de la Casa Blanca, fue protagonista durante su campaña presidencial de 2016, de un video-escándalo donde hipersexualizaba a las mujeres, hablando de tocarlas de manera irrespetuosa con lenguaje, por demás, vulgar. Hecho que no sólo no tuvo consecuencia alguna, sino que fue aprovechado para “pedir disculpas” y hablar del gran filántropo en pro de los derechos de las mujeres en el que se había convertido.

Aún más desesperanzadora es la lucha interna que debe existir en el partido demócrata para elegir a su representante a la candidatura, antes de la real afronta contra el actual mandatario. Pues, ello implica un alto gasto de recursos económicos y mediáticos, sin mencionar la “guerra sucia” que conlleva este tipo de procesos políticos, en la que es poco probable que ninguno de los 14 posibles candidatos demócratas salga limpio para enfrentarse con Donald Trump. Es decir, en lugar de llegar a la gran batalla con Trump en posición ventajosa, con su imagen limpia, energías sin desgaste y un presupuesto competitivo al acumulado por Trump, el candidato que le enfrente deberá, primero someterse a acusaciones, debates y altos gastos en la pre-campaña con sus compañeros de partido.

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Por supuesto que Donald tampoco goza de un historial inmaculado, sin embargo, su gran fortaleza es la estrecha relación y comunicación que tiene con su base electoral y el ya bien establecido discurso xenófobo que ha comprobado ser ganador en ocasiones previas y que empieza ya a poner en uso, calentando los motores de su campaña con los “triunfos” que ha tenido su política migratoria (hecho en el que nuestro gobierno a través de la Guardia Nacional ha sido un gran peón, frenando hordas de caravanas migrantes, convirtiéndose así en una extensión de su ‘Border Patrol’ en nuestra frontera sur.)

Adicional a esta bien manejada comunicación, sabemos que su campaña no sufrirá por falta de recursos, pues el equipo del candidato republicano se jactaba tan sólo el mes pasado de tener un fondo de 143 millones de dólares, para financiar su campaña.

Nada exhibe mejor la seguridad, confianza y arrogancia (por no decir cinismo) propio de este candidato que la declaración de su gerente de campaña, Brad Parscale, el pasado 2 de enero, cuando anunciaban su presupuesto rumbo a las elecciones de noviembre de este año, «Los demócratas y los medios de comunicación han estado en un frenético simulacro de destitución, mientras la campaña del presidente sólo se hizo más grande y más fuerte«.

Es decir, este inicio de año para Trump ha ido de maravilla, si juntamos este holgado presupuesto electoral con su bien practicado discurso racista anti-migrantes y su lanzamiento de misiles a Irán (que fue anunciada como una medalla más con la que “se anticipaban” a ser primero víctimas ellos de ataque), la exoneración del Impeachment es solamente la cereza del pastel con el que él y su equipo celebran el inicio de una campaña de reelección con altas probabilidades de éxito.

Ya no cuentan con los servicios de Cambridge Analytics que les fueron tan útiles en la pasada campaña, pero sabemos que se las ingeniarán de alguna manera para obtener esos ansiados 4 años más aterrorizando al mundo a través de Twitter y con el control de los reflectores sobre él.

 

 


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