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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

¡Que inicio de año (década) tan vertiginoso! La quincena anterior había pensado realizar la primera columna del 2020 en torno a aquellos temas que se avecinan en la agenda, sobre los que debemos estar pendientes en el transcurso de este año (como el Impeachment, el tren maya, el nuevo aeropuerto, etc). Pero, no contaba con que la burbuja navideña de Amor y Paz (o ¿para este caso la metáfora funcionaría mejor con una esfera?) se reventaría tan pronto y llegarían conflictos y sucesos internacionales de prioridad como un tsunami intempestivo.

Hemos recibido este año entre noticias de una posible guerra en el Medio Oriente y escenarios apocalípticos de incendios forestales masivos en Australia.

Cartón Caricatura

Apenas el segundo día del año transcurría cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó un ataque dirigido al General Iraní, Qassem Soleimani, (segundo hombre más poderoso del país y responsable de haber erradicado la presencia del grupo ISIS en esa región), acabando con su vida en la ciudad de Baghdad.

A nadie sorprende ya la inestabilidad de Trump, digna de un adolescente impulsivo y berrinchudo, quien justifica su actuar ante supuestos peligros potenciales de ataques iraníes (más probablemente lo hizo como una estrategia política en vista de las próximas elecciones). No es nuevo para los gobiernos estadounidenses el usar a Medio Oriente como su tablero de ajedrez, orquestando una guerra a distancia y arriesgando sus peones únicamente (aliados como Israel o embajadas y bases militares en toda la zona) y fomentando la cultura de guerra y ultranacionalismo antiterrorista propia de EUA bajo una bandera de democracia y libertad.

(Imagen: Pixabay)

Lo que es verdaderamente sorprendente (y a la vez no tanto) es la reacción de nuestra sociedad a los hechos, que se refleja en redes sociales. Los muros de Facebook están plagados de Memes interminables sobre el hipotético papel que jugaría México como vecinos de Estados Unidos en lo que han bautizado las redes como “La tercera Guerra Mundial”. Asimismo, encontramos muy pocos artículos e información referente a la simultánea crisis climática en Australia (precedida hace muy poco por los incendios en la región del Amazonas).

¿Será que la normalización de esta crisis nos ha insensibilizado?, pues a pesar de los discursos desesperados de una adolescente sueca, protestas globales y la reciente declaración del koala como especie funcionalmente extinta, ha resultado más relevante hacer sátiras y tutoriales de cómo enfrentar una guerra hasta ahora ficticia.

Mientras tanto, nos sumimos ante la indiferencia de la única guerra que a la distancia verdaderamente importa, contra el cambio climático (una que ya está aquí y muchos se niegan a ver).

(Imagen: Pixabay)

Y, con esto no pretendo restar relevancia a la grave situación que se está viviendo en Medio Oriente y la tensión política mundial que ello ha generado y que merece toda nuestra atención. Tampoco deseo ser una aguafiestas y criticar tajantemente el humor con el que se ha abordado el asunto en redes (la ironía muchas veces es una válvula de escape entendible). Sin embargo, no haría daño también documentarse y compartir información veraz y crítica y no sólo memes. Para aquellos que dicen que “no es en serio” o que para eso son las redes sociales, no olvidemos que las mismas plataformas también han demostrado ser capaces de iniciar revoluciones y derrocar gobiernos, todo depende del uso que decidimos darles.

El punto al contrastar ambas situaciones, (guerra e incendios) es observar la atención que se les brinda a cada una, en un caso prácticamente nula y en el otro predominantemente satírico.

Nuestro planeta presenta clarísimos síntomas de una enfermedad terminal y como comunidad internacional somos incompetentes para tratarla. La opinión pública está mayoritariamente adormecida con discusiones superficiales y los líderes de las naciones están más ensimismamos en sus propias luchas de poder (luchas donde, cabe aclarar, nadie es inocente), que en resolver algo a través de las múltiples e infructuosas cumbres para discutir el tema climático que no llevan a ninguna acción o acuerdo concreto.

No hemos sido capaces de dimensionar el tamaño de la crisis ambiental y reaccionar consecuentemente de manera urgente, parece que creemos que el tiempo para actuar es ilimitado, o quizá es sólo que algunos creen más probable que primero se desate un holocausto nuclear.

(Imagen: Pixabay)

Soy consciente del riesgo que corro de sonar dramática o exagerada, pero creo que el escenario lo amerita: el fuego en Australia ha arrasado con aproximadamente 6 millones de hectáreas al sur del país (en comparación con las 900 mil hectáreas que se perdieron en el Amazonas el año pasado) y ha cobrado las vidas de 480 millones de mamíferos, aves y reptiles, sin contar las pérdidas materiales y 25 vidas humanas. El verano en Oceanía apenas comienza y no es probable que las temperaturas bajen en próximos días.

Y sí, quien ordenó el ataque contra Irán y ahora se encuentra en el ojo del huracán de un posible conflicto armado, es el mismo hombre que representa a miles que piensan como él y que aseguran que el cambio climático es una ficción (“fake news!”). El mismo mandatario que retiró a Estados Unidos del acuerdo de París que instaba a los países potencia a tomar acción y disminuir sus emisiones inmediatamente.

Irán izó la bandera roja de venganza y amenaza con responder el ataque, mientras al otro lado del globo vemos las consecuencias reales y tangibles del calentamiento global en curso. Parece que apretamos el acelerador y vamos sin freno a la hora cero.

Con esta frustración entiendo más que nunca la vehemencia con la que Jon Snow trataba de hacer ver a los líderes de Westeros que la verdadera lucha no era por el trono de hierro, sino contra aquello que avanzaba rápidamente más allá del muro. (Quizá la metáfora del calentamiento global que usó Juego de Tronos, el show televisivo más visto de la historia, nos sea más fácil de asimilar)

Por lo menos, en México este inicio de año nos recibe con la muy necesaria y a la vez insuficiente medida de la prohibición de bolsas de plástico en todos los comercios (grandes y pequeños) de la CDMX.

Seguiremos al pendiente de los avances en temas del conflicto geopolítico EUA-Irán, mientras nos acostumbramos a usar bolsas ecológicas y de paso, implementar otras formas de vida más sustentables, poniendo nuestro mínimo grano de arena.

 

 





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