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De entre el bullicio, utopías

Zuri Grace Bretón

Fue en octubre de 2017 que se viralizó a lo largo y ancho del mundo cibernético el hashtag #MeToo, aquel movimiento que nació denunciando el acoso y abusos sexuales cometidos por el influyente productor de la industria hollywoodense, Harvey Weinstein, pero que pronto se convertiría en la bandera mundial de la lucha feminista en contra de todo tipo de ataques sexuales cometidos por hombres abusando de su posición de poder. Por supuesto, al pasar de los meses el hashtag se convirtió en parte de algo más grande, traspasando fronteras y combinándose con otras demandas iniciadas en redes y llevadas a las calles por grupos feminstas.

(Foto: Pexels)

México no fue la excepción, como se dio con el #NoNosCuidanNosViolan o el ya conocido #NiUnaMás. Si bien, las organizaciones feministas han estado presentes desde hace décadas, no fue sino hasta hace unos años que verdaderamente han cobrado relevancia y visibilidad en el imaginario colectivo y los medios de comunicación, gracias, en parte, al fenómeno expansivo de las redes sociales y, muy tristemente, a la agudización de una problemática social que no frena (o mejor dicho, cese del silencio ante algo que ya existía).

Cada vez son más frecuentes en nuestro país las marchas y escándalos derivados de un nuevo caso de abuso y la correspondiente efusiva y polarizada respuesta de la ciudadanía, ya sea en apoyo a las exigencias o en defensa de las paredes y las indefensas autoridades víctimas de bombas de diamantina rosa (por supuesto, ese no debiese ser el tema relevante en esta discusión y suficiente atención ha robado en los medios como para dedicarle un post más).

El caso es que sólo es cuestión de tiempo para que el movimiento se apropie de cada vez más espacios, y en estas últimas semanas le ha tocado a diferentes facultades de la UNAM ser protagonistas. Desde finales del mes pasado y ante reclamos de indiferencia y burocracia por parte de las autoridades universitarias para atender las denuncias presentadas, diferentes grupos de alumnas han tomado las instalaciones de sus planteles, convocando asambleas y declarando paros indefinidos con la intención de ejercer presión y obtener una respuesta de las autoridades acorde al tamaño de la urgencia.

CCH Sur y Vallejo, FES Cuautitlán, Prepas 4, 5, 6 y 9, Facultad de Filosofía y Letras, así como Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, son algunos de los campus que estuvieron (y en la mayoría de los casos continúan) durante días en suspensión de labores (semanas incluso), organizando interminables mesas de diálogo para atender simples exigencias: Respuesta a las denuncias por acoso sexual y abusos (en su mayoría por parte del profesorado) presentadas ante la Unidad Jurídica de cada plantel y la implementación de medidas para enfrentar la violencia de género en un futuro.

(Foto: Pixabay)

Seguramente te cruzaste con algún video o noticia el pasado jueves 7 de noviembre respecto a la marcha feminista convocada en CU que recorrió varias facultades y presentó algunos altercados. No obstante, hace unas horas fue convocada una nueva marcha con ‘cacerolazos’ hacia rectoría para hacer oír estas mismas consignas.

¿Parece exagerado? Muchos no dudan (como siempre) en tildar de revoltosas y flojas a las estudiantes que convocaron los paros, asegurando que lo hacen con la intención de perder clases (seguramente desconocen que el paro total implica extenuantes guardias nocturnas pasando frío y exponiendo su integridad para resguardar las instalaciones. Actividad poco apetecible en comparación con simplemente acudir a clases diariamente).

Bien, pues valdría la pena recordarle a Enrique Graue, quien fue reelecto como Rector de la UNAM apenas el día siguiente a la marcha, las situaciones que han llevado a su casa de estudios al estado actual: Aideé Mendoza, Jenifer Sánchez, Miranda Mendoza y Lesvy Berlín. Esos son los nombres de las mujeres que han perdido su vida dentro de las instalaciones de algún campus de la universidad en tan sólo los últimos dos años (las cifras aumentan gradualmente al buscar registros anteriores), esto sin mencionar las decenas de casos por campus, sin resolver de acoso, manoseo e incluso violaciones.

Por supuesto que muchos podrían pensar que es una situación que le compete exclusivamente a la comunidad universitaria, incluso miles de mexicanos ignoran la noticia y se pierden en el constante bombardeo mediático. Por el contrario, se trata de un acontecimiento del que todos debiesen documentarse y estar pendientes, sin importar la institución donde se estudia o si quiera si se es estudiante. Lo que sucede en la UNAM es relevante porque no es algo exclusivo de la institución, sino que representa una muestra de lo que está sucediendo a gran escala en todo el país.

Seguir el desarrollo del fenómeno y cada uno de sus elementos es (para aquel que observe con atención) un ejercicio de análisis necesario, que permite extrapolar lo que ahí acontezca hacia el terreno nacional (e incluso regional). Representa esto una pequeña muestra de la lucha, las exigencias, los detractores y grupos de choque, la burocracia, la indiferencia y la incompetencia de las autoridades ante una crisis que rebasa por mucho los barrotes de la UNAM. Un microcosmos que refleja la cara de toda una nación.

 






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