Panteón Jardín, el camposanto de los actores

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

Con motivo del día de muertos, publicaremos un especial de dos crónicas dedicadas a dos de los panteones de la capital mexicana, donde están sepultados muchos de los actores de la época dorada del doblaje de voz en México. Aquí la primera parte:

Cuando llegué al Panteón Jardín, la escena no podía haber sido más bizarra. Un panteón famoso por las celebridades sepultadas en él, apenas visible al final de un camino sinuoso situado al lado de la avenida. Llegué a mediodía mientras el sol quemaba sin piedad las cabezas de los paseantes sin ningún refugio contra el calor. Entré, y el viejo portón de arquitectura colonial se erigía imponente sobre mi cabeza. Al fondo, unas estructuras de aspecto sórdido y liso, sin ningún adorno ni decoración, franqueaban una escalera que subía en pendiente, sin embargo, al observarlo de frente parecía que la escalera conducía a la nada.

Entrada del Panteón Jardín (Foto: Carlos Perez Chavez [CC BY-SA 3.0 ], via Wikimedia Commons)

Caminé a través de la escalera, mientras el bullicio de la ciudad se iba apagando poco a poco. La calma sórdida del cementerio empezó a envolverme. Sin embargo, personalmente encontré paz en aquella placidez del camposanto, situado en las orillas del llamado Bosque del Pedregal. El cansancio, no obstante, empezó a hacerse notorio, la subida en pendiente no es la más amable cuando uno camina bajo el sol. Al final, llegué a mi destino: la sección dedicada a las celebridades. La antigua cruz de piedra que servía como marco y fachada del lote del cementerio, no podía ser más tenebrosa, corroída verticalmente por algunas marcas de humedad dejadas por la lluvia.Tras una serie de intentos fallidos por entrar a la sección, que estaba cerrada con cadena y candado, al fin el hombre encargado del lugar llegó. Amablemente me permitió la entrada, y sin perder más tiempo, me dediqué a trastabillar entre las tumbas, buscando algún indicio que me permitiera localizar más datos de los que buscaba. Finalmente, tras pasar cerca de las tumbas de ciertos compositores famosos de música vernácula, mi objetivo me esperaba. Un viejo salón, una vieja cripta, con las paredes despostilladas y cubiertas de salitre en algunas partes, contenía en las paredes laterales los nichos mortuorios de varios actores que había estado buscando. Examiné algunos y, para mi sorpresa, detrás de mí noté el barandal desvencijado que conducía al sótano, donde me aguardaban más nichos funerarios.Asiéndome con dificultad al pasamano, descendí. La escena resultaba escalofriante. El frío que existía en ese nivel de la cripta, la oscuridad, la sensación de abandono y el brillo frío del mármol lúgubre, le pondrían los pelos de punta al más valiente.Dos nichos fueron encontrados en esta sección, el de Roberto Cardín y el de Armando Gutiérrez:

Roberto Álvarez Cardín – 15 de julio de 1972

Armando Gutiérrez – 29 de julio de 1971

Ya había localizado las actas de defunción de ambos actores por mi cuenta, y esto solo probó que no me equivoqué. He cosechado un éxito.

Tras una desastrosa vuelta al portón del cementerio, me entero en la administración de este, que había otra cripta. En la emoción por obtener más datos, me olvido del cansancio y regreso cuesta arriba hacia la sección de actores. Una vez llegado, entro a toda velocidad. Me costó trabajo localizarla, pero por fin di con la segunda cripta.

En la primera planta, iluminada por el sol pude ver el nicho funerario de Víctor Alcocer, actor de doblaje legendario, apodado el Baquetón. Me parece que fue el único nicho de algún actor de doblaje que tenía flores de un mes atrás con motivo del día de Muertos. De nuevo, fui sorprendido por una escalera desvencijada detrás de mí, que conducía a los niveles inferiores.

Bajé la escalera. La atmósfera era aún más tenebrosa que en la primera cripta. Entraba aún menos luz solar y se percibía un olor a humedad. Ahí me esperaban los nichos funerarios de actores como Magdalena Ruvalcaba, dueña en vida de un sentido del humor sardónico y ácido, y una gran actriz en toda la regla. Armando Coria, o Armando Enrique Espinosa de los Monteros, gran actor pero de carácter sumamente violento, o Carlos Ancira, respetado actor de teatro. Raúl Leonel de Cervantes, un locutor de voz cálida y amable, además de ser un caballero a la antigua. Claudio Brook, uno de los villanos más memorables del cine mexicano y estrella de Hollywood también. Raúl Dantes, uno de los alumnos predilectos de Salvador Novo cuando dirigía teatro; Vladimir Lipkies, mejor conocido como Julián de Meriche, bailarín y coreógrafo, esposo de la famosa India María. Rubens Medel, veterano de la guerra civil española, y cocinero especialista en delicias gastronómicas andaluces. Fernando Rivas Salazar, con su voz áspera y cascada, llamado el Locutor del buen decir durante sus años de gloria en la radio mexicana, Raúl Boxer, talentoso actor de ascendencia rusa cuya carrera se vio truncada intempestivamente debido a su temprana muerte. Omar Jasso, hilarante cómico que hacía las delicias del público con sus frases características y voz excéntrica.

Sin embargo, de nuevo la escalera me llevaba a un nivel aún más profundo. Reconozco que me dio un poco de pavor. Al llegar al último nivel, la luz era muy poca. Solamente se colaba tímidamente por los respiraderos en las esquinas. Y al final, en el rincón más apartado a mi derecha, estaba él. El actor que tantos quebraderos de cabeza nos había causado a muchos amigos investigadores y yo, el buen Héctor Andremar, o como se le conocía en vida, Héctor Javier Treviño Díaz. El olor a humedad y el abandono eran más que notorios en la placa de mármol del señor Andremar, pero eso no me impidió recordarlo con una flor seca que coloqué en la argolla metálica de su nicho funerario. Qué amargo pan, decía Héctor al recibir su salario después de una jornada agotadora en las empresas de doblaje. Más amargo aún, resultaba el estado de olvido, abandono y oscuridad en la que se encontraban, no solo él, sino todos esos grandes actores cuyo trabajo trascendió fronteras y épocas. Después de los sismos que asolaron la ciudad el año pasado, el abandono y daño a los últimos lugares de reposo de todos estos grandes artistas, se vuelve aún más triste e indignante…

Continúa con la segunda parte:

(escrito originalmente el 11/12/2016: corregido y aumentado el 22/10/2018)


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