Julio Lucena, un artista inolvidable.

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

No podía faltar en nuestras columnas semanales, la revisión a la vida y obra de uno de los actores de doblaje más reconocidos por el público latinoamericano. A más de treinta años de su fallecimiento, Julio Lucena sigue siendo uno de los íconos más respetados, queridos y recordados del doblaje hecho en México. Hoy, nos toca desvelar los hechos de su carrera dramática y su labor en el doblaje de voz.

Nacido en la Ciudad de México producto del matrimonio de dos inmigrantes españoles, Julio Carlos Luis Capdevila Cordoniu, el nombre con el que fue registrado el 4 de noviembre de 1924. Fue desde su juventud un artista sensible y soñador, lo que lo llevó a ser bailarín egresado del Instituto Nacional de Bellas Artes. Allí, debutando en 1946, tuvo como pareja a su hermana Rocío, con quien tuvo un vínculo muy estrecho. Ambos se especializaron en el baile flamenco. En el trayecto de su carrera como bailarín, el joven Lucena incursionó por primera vez en la actuación y el canto. La sociedad artística con su querida hermana Rocío llegó a su fin en 1954, cuando esta falleció repentinamente. Julio abandonó el baile y se dedicó a incursionar en el teatro musical en la ciudad de Nueva York, llegando a presentarse en el Radio City Music Hall.

A su regreso a México, poco después, encontró que dos especialidades actorales estaban floreciendo a gran velocidad: el doblaje y la televisión. Sin perder el tiempo, incursionó en ambas a la par que continuaba trabajando en la radio, donde participó en más de veinte radionovelas en la XEW. También en el teatro, donde participó en obras como “Los novios“, la cual marcó su debut en el escenario teatral; “La fierecilla domada“, “Viaje de un largo día hacia la noche” y su última puesta en escena “Herejía“.
Ahora establecido definitivamente en su ciudad natal, fue quizás en esta época cuando acortó su nombre de pila a Julio y adoptó el apellido Lucena, quizás en honor a la localidad española del mismo nombre.

Imagen via: IMDB

En televisión, apareció en telenovelas, teleseries y programas como Mis tres amores (1971) al lado de Narciso Busquets y Magda Guzmán; Pampa Pipiltzin (1974), al lado de María Antonieta de las Nieves y Gaby Willer; ¡Cachún cahún ra ra! (1981), como el padre de Lenguardo, actuando junto a personalidades como Amparito Arozamena y María Luisa Alcalá. La Canica Azul, Pastel de Cucarachas, La Villa Niza, Mi colonia La esperanza, El tesoro del saber, Mis Huéspedes... Fue también parte del programa de concursos XE-TU donde dio voz a los títeres Toribio, Chasco y Carcamán. Mientras, en el cine participó en cintas como Llanto por Juan Indio (1965); Los Perros de Dios (1972), compartiendo créditos con Helena Rojo, Gloria Marín y José Carlos Ruiz. Cabe mencionar, que este último largometraje le dio el premio de la Diosa de Plata en 1972 a la revelación masculina en aquel año. Otras películas en las que trabajó fueron El jugador de Ajedrez (1979), con Diana Bracho, Tú pequeño hombre blanco, yo gran cazador (1979), película australiana donde actuó al lado de Martin Sheen y Sam Waterston. La rebelión de los fantasmas (1949) con Ángel Garasa y Joaquín Cordero, No te cases con mi mujer (1947) con Mapy Cortés y José Cibrián; Ramona (1946), entre otras.

Dotado de una personalidad, jocosa, amable, bromista, pícara y profundamente humana y compasiva, sumado a su titánico talento artístico, fue natural que Julio lograse una posición privilegiada en el doblaje de voz, ingresando en la empresa R. K. Tompkins y Asociados a fines de la década de los cincuenta. Fue precisamente en la serie Las Aventuras de Rin Tin Tin (1954), donde, al igual que muchos actores de la empresa de los señores Edmundo Santos y Richard Tompkins, Julio tuvo una oportunidad de debutar. Como fue obvio, después vinieron sus participaciones en empresas como CINSA, Rivatón de América, CLADSA, Oruga, Sonomex, entre otras.

Imagen via: Wikipedia

La lista de papeles que Julio sonorizó con su voz, sería larga de nombrar en su totalidad, pero creo que se puede empezar por nombrar a  Ray Milland en las cintas La llamada fatal (1954) y El hombre con ojos de rayos X (1963), a Robert Vaughn en El Agente de C.I.P.O.L. (1964), a Bill Cosby en Yo soy espía (1965) y al Coronel Wilhelm Klink en Los Héroes de Hogan (1965); a Eddie Albert en Granjero último modelo (1965), a Joe Flynn en la Marina de McHale (1962), entre muchos otros. Pero fueron quizás, las series animadas, donde Julio pudo mostrar su enorme talento para las caracterizaciones y modificaciones de voz, donde habló por personajes tan entrañables y famosos como Pablo Mármol en Los Picapiedra (1960), al lado de Jorge Arvizu;  el villano Pierre Nodoyuna en Los Autos Locos (1968) y El Escuadrón Diabólico (1969), El Lagarto Juancho en la serie homónima de 1962, El Lobo Hokey, también en la serie del mismo nombre de 1960, y finalmente, el papel por el que es más recordado, el avispado Don Gato en Don Gato y su Pandilla (1962), siendo el personaje que más éxito y reconocimiento le dio entre las masas en América Latina e incluso en España, donde la serie fue emitida con el doblaje de México.

A la par que trabajaba incansablemente como histrión, Julio fue también un dedicado hombre de familia. Casado con María Elena Sánchez Corcuera, procrearon tres hijos, Carlos Jr., Claudia y Selene. Fue un padre inusual para la época en la que lo habitual en las familias mexicanas el progenitor fuera ausente, frío, cerrado o poco afectuoso con los hijos, a quienes colmó de amor desinteresado y atenciones en todo momento. Sus compañeros de doblaje también lo recuerdan como un bromista irredimible, con anécdotas como en la cual, imitando la voz de un niño, se asomaba a las salas de doblaje y le decía al director en turno “¿Oiga, no tiene una pesquita que me regale?Pesca se refería a los papeles que quedaban vacíos cuando un actor faltaba al llamado. En otras ocasiones gustaba de cantar una curiosa tonada, también con una voz infantil: De pensar que me tengo que morir, me dan ganas de hacer caca y empezar a repartir”.

La vida de Julio continuó en medio del éxito, hasta que los conflictos sindicales de finales de los años setenta hicieron que se retirara del doblaje de voz a inicios de los años ochenta, no así del teatro, el radio, el cine y la televisión, donde continuó activo. Sin embargo, en uno de aquellos giros del destino que parecen una ironía o burla cruel contra las personas que menos lo merecen, un trágico acontecimiento irrumpió en la vida del simpático señor Lucena. Durante los ensayos de una obra de terror llamada Herejía, en 1985, caminó sin darse cuenta en medio del escenario, a oscuras hacia las butacas y, sin darse cuenta, sus pies estuvieron en el aire. Julio había caído a las butacas de la primera fila, fracturándose tres costillas, una de las cuales dañó uno de sus pulmones.  Posteriormente, fue ingresado en un hospital, donde para colmo de males, le fue administrada sangre contaminada con hepatitis. El 25 de junio de aquel 1985, a los sesenta años, Julio moriría de un paro cardiorrespiratorio en aquel mismo hospital. Un triste final para un enorme talento del doblaje de voz, una de sus voces más versátiles y una persona que siempre rodeó de cariño, entrega y lealtad a su familia y amigos. Un final injusto para quien dio su voz al compasivo y benévolo don Gato, que a pesar de buscar siempre el éxito fácil, no dudaba en proteger a su pandilla como si fueran sus hijos… Asimismo fue Julio en vida. Y su calidad actoral y humana, debemos asegurar, que jamás sea olvidada.

La próxima semana continuamos desempolvando los archivos para contarles más Historias del Doblaje






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