Rosario Muñoz Ledo, terciopelo sonoro

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

Otra de las grandes actrices salidas de la XEW, Rosario Muñoz Ledo, fue una de las voces más reconocibles dentro de las producciones dobladas al español de la casa Disney. Hoy nos toca narrar su vida, historia y paso por el doblaje de voz.

La familia Muñoz Ledo fue originaria de Guanajuato, remontándose a varias generaciones atrás, desde, por lo menos, los siglos XVIII y XIX. De este linaje provinieron los hermanos Muñoz Ledo Ortega, hijos de José Manuel Muñoz Ledo y Luz Ortega Cedillo. La mayor de los Muñoz Ledo Ortega fue María del Rosario Muñoz Ledo Ortega, nacida el 24 de febrero de 1912, en la ciudad de León, Guanajuato, donde radicó la familia antes de emigrar a la capital mexicana. En total, la familia guanajuatense tuvo cuatro hijos: Rosario, María de la Luz, Dolores y José Antonio.

Ilustración de los hermanos ( Hildebrandt)

Siendo una joven y habiéndose establecido en la Ciudad de México, a Rosario le surgió una inquietud: le fascinaba la música y deseaba ser concertista de piano en el Conservatorio Nacional de Música. Sus padres se opusieron y, aunque no se conocen exactamente las circunstancias, eventualmente, la joven Rosario (o Chayo como se le conocía afectuosamente), dio con la radio; la prestigiosa XEW que en aquellos años treinta era el medio de comunicación de mayor audiencia en el país. Allí, su voz de terciopelo, finísima dicción y seductor timbre, le abrieron un espacio en las emisiones radiales, para luego trabajar en estaciones como Radio Femenina, XEQ, XEX, entre otras. Pocos años después, recibiría el llamado de la MGM para participar en un ambicioso proyecto artístico hasta entonces desconocido para muchas personas, incluso del medio histriónico: el doblaje de voz.

Rosario viajó a la ciudad de Nueva York al lado de su hermana Dolores, con quien siempre tuvo un vínculo muy estrecho, ya que compartían no solo el vínculo sanguínueo, sino la pasión por el arte dramático. En alguno de aquellos viajes a la Urbe de Hierro, viajaron al lado de un compañero y amigo de ambas en la radio mexicana, el legendario Guillermo Portillo Acosta, quien estuvo un tiempo enamorado de Rosario. Fue un viaje en automóvil que saldría desde Laredo, Texas, y atravesaría la geografía estadounidense hasta la ciudad de los rascacielos. Allí, por fin las dos hermanas se involucraron de lleno en el doblaje de voz, y en el caso de Rosario, para no abandonarlo nunca.

En su estancia en el proyecto, Rosario prestó su voz a Angela Lansbury en Luz que Agoniza (1944), Fuego de juventud (1944), El retrato de Dorian Grey (1945), Oro en el barrio (1946), y también a Audrey Totter en El cartero llama dos veces (1946) y Muro de Tinieblas (1947). Además, dobló a actrices como Marion Clayton Anderson en El Motin del Bounty (1935) Lucille Bremer en La rueda de la Fortuna (1944) y Yolanda y el Ladrón (1945), entre otras. La calidad de su trabajo y su voz siempre confiable le dieron más de un papel estelar en los proyectos cinematográficos doblados durante el proyecto.

Imagen via (Disney Wiki)

Al terminar el contrato con la MGM, como el resto de los actores, regresó a México, donde continuó laborando en la radio. De nuevo, el doblaje la vería regresar unos pocos años más tarde, cuando sería llamada por el genio Edmundo Santos a los estudios Churubusco para participar en una cinta animada de la empresa que estaba causando revuelo entre chicos y grandes debido a la gran calidad de sus producciones: Disney. Fue la película Hansel y Gretel (1954) la primera que vio a doña Rosario actuar para las producciones del ratón Mickey. Posteriormente, realizaría sus dos papeles más conocidos en la traducción sincrónica, la Reina malvada de Blanca Nieves y los Siete enanos (doblaje de 1964) y la perversa Maléfica en la Bella Durmiente (1959), ambos personajes dotados de una elegancia vil y una abyección hermosa que solo doña Chayo, podía imprimirles.

Más tarde, en aquella misma década de los cincuenta, un viejo amigo y compañero del proyecto de Nueva York y la XEW, el licenciado Carlos David Ortigosa, la llamaría para participar como parte del equipo de su nueva empresa de doblaje para televisión, la compañía CINSA. Aquí es donde se terminaría de cimentar una larga trayectoria en el doblaje que duraría hasta el final de sus días, laborando en empresas como R. K. Tompkins y Asociados, SISSA, Sonomex, Rivatón de América y por supuesto Estrellita (Grabaciones y Doblajes, S.A.) como parte del equipo de confianza del visionario Edmundo Santos.

En el doblaje para TV, Rosario sonorizó a personajes como Louise Tate en Hechizada (1964), Angela Channing en Falcon Crest (1981), Miss Ellie en Dallas (1978), y muchos personajes secundarios en series como Mi bella genio, La reportera del Crimen, Los locos Addams, Los Munsters, Los Invasores, El Súper Agente 86, La familia Ingalls, El Gran Chaparral, Galería Nocturna, Daniel Boone, ¡Ay como duele crecer!, Los Hart Investigadores, Alf, etc.

En las series animadas, quizás su personaje más reconocido fue la malvada hechicera Evil Lyn en He-Man y los Amos del Universo (1983). Fue también la voz original de Robotina en Los Supersónicos (1962). Hizo voces adicionales en animaciones como Don Gato y su Pandilla, Los Picapiedra, Los Pitufos, El Lobo Hokey, Scooby Doo, El oso Yogi, entre muchas otras.

En su vida personal, su carácter, voluntad de hierro y tenacidad la hicieron distinta de las mujeres de la época. Independiente, reacia a casarse y tener hijos, entregada completamente a su trabajo y de personalidad enérgica y dominante, era también una persona cálida, humilde, amable y devota católica al igual que sus padres y hermanos. Recordada con cariño por sus compañeros de doblaje, continuaría su trabajo en la industria a lo largo de las décadas, a pesar de los conflictos sindicales y cambios de propietario en las empresas. Justo un 29 de septiembre de 1989, cuando contaba con setenta y siete años de edad, fue a una consulta médica debido a un dolor estomacal. Tras llegar al consultorio de su médico de cabecera, hablando y bromeando con las enfermeras a cargo, le dio un infarto fulminante y se durmió para siempre. Se cerraba para siempre el episodio de aquella voz distintiva de terciopelo, pero que podía herir como la espada en la forma de las crueles villanas que interpretó. Una talentosa mujer que a pesar de su carácter a contracorriente en la época del machismo mexicano más exacerbado, poseía una sensibilidad y ternura ocultas, como lo manifestó en este poema navideño, que escribió en 1975, con el que cerraremos esta columna.

La Profecía, Mensaje de Navidad

Nacerá un niño, y será el redentor del mundo.
Así dijeron los profetas, y el niño nació,
trayendo el signo de la redención en su alma,
la renuncia de la materia y la maravillosa esperanza de vida eterna.

Este niño, nació en un pesebre, y no tuvo con qué cubrir su cuerpecito.
Su madre lo puso sobre un montón de paja
y un buey y un borrico le daban su vaho, para calentarlo.

En la noche llena de estrellas, sonó la armonía más bella
que se ha oído en todos los siglos, música de espíritus celestes,
llamando a los hombres de buena voluntad
a que rindieran tributo de amor y vasallaje al hijo de Dios, hecho hombre.

Tres hombres vinieron desde tierras lejanas,
tres hombres nobles, trayendo: oro, incienso y mirra,
símbolos de riqueza, divinidad y sacrificio.
Y la buena nueva, se extendió por toda la tierra
y los pueblos se regocijaron en ella, pues les había nacido un rey.

La profecía se había cumplido, había nacido un niño
que venía para ser el Salvador del Mundo.

(Rosario Muñoz Ledo, 1975)

Los veremos la próxima semana, listos para recorrer en el tiempo y el espacio, las Historias del Doblaje

 

 

 





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