Ismael Larumbe Raimers, “¡Doblaje Marca ACME!”

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

Quizás otra de las voces recordadas por las audiencias latinoamericanas, pero cuyo nombre y rostro permanecen aún en oscuridad para las masas, es la de Ismael Larumbe Raimers, un actor de impecable presencia física y voz de oro. Hoy nos toca revisar su historia, como parte de una de las familias más longevas del medio artístico en México, y cuyo legado vive en forma de tres de sus hijos y su esposa, en el doblaje de voz de la actualidad.

Ismael Larumbe Raimers (Imagen via Voice Actors from the World)

Nacido en Oaxaca de Juárez, Oaxaca, de ascendencia italiana, alemana y mexicana, su físico era anómalo dentro del estado sureño de nuestro país, poblado en su gran mayoría por gente de tez morena y rasgos indígenas, africanos o una mezcla de ambos. De ojos verdes impactantes, cabello rubio oscuro, tez blanca, gran estatura y una voz viril y seductora, nació en una familia de comerciantes. Emigró a la capital mexicana habiendo terminado sus estudios de bachillerato, y fue allí donde, mientras cursaba la carrera de ingeniería química, debido a su físico destacado, recibió una oferta jugosa que lo llevo a incursionar en el espectáculo mexicano. De esta manera, el teatro, el cine y la radio le abrieron las puertas a mediados de los años cuarenta, convirtiéndose rápidamente en un actor muy solicitado. Posiblemente, fue la cinta El último amor de Goya (1946), al lado de Enrique Alonso y Miguel Arenas, la que le abrió las puertas en un papel secundario al medio tan disputado y cerrado del celuloide. Posteriormente, trabajaría en cintas como El rey del Barrio (1950), al lado de Tin-Tán, Felipe de Jesús (1949), Pata de Palo (1950), Piel Canela (1953), Estrategia de Matrimonio (1966) con Silvia Pinal, Una Horca para el Texano (1969), Cristo 70 (1970), entre otras. Casi siempre como actor de soporte o secundario, pero siempre demostrando gran calidad dramática y compromiso en cada uno de sus papeles. La televisión también lo vio trabajar en melodramas como El precio del Cielo (1959), Amor en el desierto (1967) y La frontera de Cristal (1969), con Beatriz Aguirre. En teatro, apareció en obras como Yo Colón (1950), al lado de Amparito Arozamena y Cantinflas, Viaja el Amor (1951), de nuevo con Mario Moreno y Caviar o Lentejas, con Enrique Rambal.

Scooby Doo (Imagen via WB Kids Go)

Como a muchos actores de aquella década de los cincuenta, el doblaje de voz le abrió las puertas; siendo, probablemente, la empresa Rivatón de América en donde primero trabajaría. Más tarde, como era natural, debido a su grave y elegante voz de perfecta dicción, las empresas CLADSA, CINSA, SISSA, R. K. Tompkins y Asociados, por mencionar las más importantes, lo recibieron con los brazos abiertos. Entre los actores más reconocidos a quienes Ismael prestó su voz en el doblaje, estuvieron Dean Martin en Los Hijos de Katie Elder (1956), Once a Medianoche (1960), y Robin de Chicago (1964); Robert Taylor en once películas, siendo el actor mexicano que dobló más veces a la gran estrella del cine norteamericano. Entre los filmes del histrión nativo de Nebraska sonorizados por el oaxaqueño de ojos verdes, destacaron Quo Vadis (1951), Ivanhoe (1952), Todos los hermanos eran valientes (1953), Los Caballeros del Rey Arturo (1953), El día D (1956), El tesoro del ahorcado (1958), El Verdugo (1959), entre muchas otras. Fue también la voz de Telly Savalas como Poncio Pilatos en La historia más grande jamás contada (1975), Richardo Boone en El Álamo (1960) y Hombre (1967), John Wayne en Más corazón que odio (1956), entre muchos otros. Eventualmente fue director de doblaje, labor que desempeñó sobre todo en la empresa SISSA.

Quizás sean las series animadas y las narraciones, los trabajos más recordados de don Ismael, siendo, junto con Ken Smith, la famosísima voz en off de los cortos clásicos de los Looney Tunes doblados en CLADSA que enunciaba insertos como “Cohetes Marca Acme” o “Giro en reversa”, además de su inolvidable interpretación del Gallo Claudio, dándole un carisma y una voz peculiar al simpático personaje, que es recordada ampliamente hasta el día de hoy a más de cincuenta años de haber sido grabada. Del mismo modo, fue la voz original de Tigger en las producciones de Disney de Winnie Pooh, bajo la dirección del sapiente Edmundo Santos, además de ser la primera voz del asustadizo gran danés Scooby Doo, en la serie original de 1969 que inauguraría la franquicia.

Gallo Claudio (Imagen via Wikimedia)

Fue en los años cincuenta, que Ismael Pablo Larumbe Raimers, su nombre completo, contrajo matrimonio con una joven y talentosa actriz que formaba parte de la dinastía Arozamena-Castro: doña Amparo Garrido, con quien procreó cuatro hijos: Ismael, Clemencia, Armando y Juan José, los primeros tres convertidos en elementos destacados en la traducción sincrónica. Cabe destacar la cálida anécdota que nos comenta don Salvador Nájar en su libro: Debido a los vericuetos y rigideces de las secretarias en las empresas de doblaje, Ismael creó un sistema para comunicarse con su hija Clemencia, o Clemen (como afectuosamente se le llama hasta la fecha), de forma efectiva sin alargar la llamada más de lo normal. Ella solicitaba la conferencia telefónica a la operadora, pidiendo hablar con el ingeniero, o arquitecto, o doctor, o abogado Larumbe, etc., Ismael decía “no está”, “regresa en una hora”, “salió de viaje”, etc. El título profesional diferente, era la clave para indicarle: “Estoy bien”, “Envíame dinero”, “Contéstame”, “Ya llegué”, etc.

Hombre de personalidad amable, sencilla. Un caballero y excelente padre y esposo, su vida llegaría a su fin de una manera abrupta y trsitísima. En medio de un conflicto sindical en el que, al lado de su amada esposa Amparo intentaba fundar una nueva empresa de doblaje. La desidia y pereza de los clientes y los empleados de esta nueva compañía, la mente y el corazón del señor Larumbe se vieron expuestos a un estrés agotador. Justo en aquel fatídico día de Navidad del año 1975, en medio de una suntuosa fiesta en la casa de la familia Larumbe, Ismael se desvaneció, víctima de un infarto masivo. Allí, expiraría su último aliento. Un final injusto y repentino para un actor y director ejemplar, alguien que vivía dedicado a su trabajo y familia. Un amigo leal y sincero, que apoyaba a todos aquellos que lo necesitaban. Nos quedan sus inmortales frases en los cortos animados del conejo Bugs y su pandilla, para la memoria colectiva de varias generaciones… Lo que podemos decir es que, a diferencia de los productos ACME, de risible calidad, el trabajo de don Ismael nunca dejó nada que desear. Contrario a muchos casos actuales, donde triste e irónicamente, desde un punto de vista muy personal, aplica perfectamente imaginar la voz de Ismael diciendo:

“¡Doblaje Marca ACME!”

Como es costumbre, no se pierdan la columna (esperemos que no de Marca ACME), la próxima semana, en este mismo lugar…

Fuentes

Salvador Nájar. “El Doblaje de Voz”, 2007.

 

 







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