Guillermo Álvarez Bianchi: Desde Galicia hasta la ciudad de México

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

Otro de los actores españoles que llegaron a trabajar a México, Guillermo Bianchi, es una de las voces poco conocidas en la actualidad, pero que dejaron una huella muy distintiva en su trabajo en los medios audiovisuales mexicanos de mitad del siglo XX. Hoy en esta columna, la historia de un rechoncho gallego con corazón de oro y voz de trueno.

Nacido un 16 de noviembre de 1915 en medio de la pobreza en el poblado de Mouriscados, municipio de Avion, en la provincia gallega de Orense. Sus padres fueron campesinos y su nombre de nacimiento fue Guillermo Álvarez Díaz. Tuvo dos hermanos: José y Blanca. Durante su niñez, la pobreza hizo que solo pudiera llegar hasta el tercer año de educación básica. Pocos años después, siendo Guillermo un adolescente, su situación económica se volvería más complicada después de que su padre muriera de un infarto. Así, la madre de Guillermo, doña Carolina, envió a sus hijos varones al otro lado del Atlántico en busca de trabajo y seguridad económica.

Ambos hermanos Álvarez emigraron al continente americano. José se estableció en Venezuela y el joven Guillermo en la capital mexicana, llegando un 30 de abril de 1931. Allí, desempeñó una serie de oficios no relacionados al ambiente artístico, como vendedor de puerta y panadero. Finalmente, pocos años después, montaría un negocio propio: un estudio fotográfico en la calle de San Juan de Letrán, en el primer cuadro de la capital mexicana. Su trabajo como fotógrafo pronto ganó prestigio, ya que el joven Guillermo siempre fue una persona llena de curiosidad, sed de superación y deseos de aprender.

Por la cercanía de su estudio con las empresas de medios audiovisuales y estudios de cine y radio, empezó a recibir las visitas puntuales de los famosos del cine y la radio mexicana, quienes le encargaban sus sesiones fotográficas publicitarias. Un buen día, alguno de los actores o productores, al visitar su estudio, impresionado por el talento musical de Guillermo, quien era capaz de tocar cuatro instrumentos (guitarra, acordeón, gaita y flauta), le sugirió probar suerte en la radio, concretamente, en la famosísima y distinguida XEW, donde Guillermo debutó como acordeonista al lado de, nada más y nada menos, que Germán Valdés “Tin-Tan” en un comercial radial de jabón de tocador. De los comerciales, pasó a ser actor en las radionovelas y radioteatros.

Eventualmente, las puertas del cine comenzaron a abrirse para el joven Álvarez, que para entonces ya era un adulto. De complexión muy robusta, fuerte y ancha, tenía un carisma natural para la comedia y una intuición natural para el arte dramático. Como fue natural, por principio se le asignaban pequeños papeles como extra, hasta que, en una de aquellas casualidades que hemos visto cómo hacen a un actor colocarse en el lugar donde le corresponde, obtuvo un papel en cine reemplazando a un actor ausente.

El Señor Rajuela de Los Picapiedra

A inicios de los años cuarenta es cuando empieza a obtener papeles de soporte y secundarios, iniciando con la cinta Jesús de Nazareth (1942). Su primer personaje secundario importante fue en Un cuerpo de mujer (1949). A partir de allí, se convertiría en uno de aquellos histriones que, a pesar de no haber recibido algún papel estelar que le permitiera brillar como actor, sus interpretaciones en personajes secundarios y de reparto demostrarían ser de una calidad inusitada.

Siguieron cintas como Cuarto de Hotel (1952), Espaldas mojadas (1953), Pensión de Artistas (1956), La torre de marfil (1957), Neutrón contra el Dr. Caronte (1960) y la cinta que le dio una nominación al Ariel por mejor actor de cuadro, El buen ladrón (1956). Durante su larga carrera en el celuloide, tuvo la oportunidad de relacionarse y trabajar con actores como Elsa Aguirre, María Antonieta Pons, Germán Valdés, Pedro Infante, Andrea Palma, Roberto Cañedo, Germán Robles, Sara García, Lilia Prado, María Félix, Mario Moreno “Cantinflas”, Jorge Negrete, Silvia Pinal, Wolf Rubinskis, Eulalio González “El Piporro”, Sara Montiel, Pedro Vargas, Ana Bertha Lepe, entre muchos otros. En total, actuó en más de doscientas películas en toda su vida. El teatro le permitió también probar sus dotes dramáticas, aunque el cine siguió siendo la principal pasión del rechoncho Guillermo.

Es en aquellos años cincuenta, donde la televisión también le abrió sus puertas, actuando sobre todo en series cómicas y telenovelas. Entre ellas destacan las telenovelas Mi rival (1973), Tania (1980), ¡Qué familia tan cotorra! (1973), Los Beverly de Peralvillo (1971), El show de Capulina (1977), entre muchas otras. Precisamente, no podía quedarse atrás su incursión en el doblaje de voz, que lo vio debutar quizás en la empresa R.K. Tompkins y Asociados, para después pasar a laborar en empresas como CINSA, SISSA, Sonomex y Grabaciones y Doblajes,S.A.

Alec Guinness en Lawrence de Arabia

Con su voz sonorizó a actores como Charles Laughton en Espartaco (1960) y Soborno (1949), a Leon Askin en 1,2,3 (1961) y El Manto Sagrado (1953), Phillip Stainton en Moby Dick (1956) y El Mogambo (1953), Alec Guinness en Lawrence de Arabia (1962), Karl Madden en Pollyanna (1962), Orson Welles en Un hombre de dos reinos (1966), Ernest Borgnine en El emperador del norte (1973), entre muchas otras. Las series de televisión también lo vieron participar, sobre todo en personajes episódicos y secundarios, trabajando en producciones como El Gran Chaparral, El Super Agente 86, Los Invasores, Los locos Addams, Batman, Mi Bella Genio, Mi Marciano Favorito, entre muchas otras. Las caricaturas fueron otro medio en el que Guillermo destacó en el doblaje, siendo quizás, el señor Rajuela en Los Picapiedra (1960), su personaje más reconocido. Series como Don Gato y su pandilla, Los Supersónicos, Félix el Gato, El show del Pájaro Loco incluyeron además participaciones del señor Álvarez. En cintas animadas, prestó su voz para Scotty en 101 Dálmatas y Rufus en Bernando y Bianca.

En su vida personal, fue en el año de 1948 en que conoció a Hilda Estada, su esposa, de origen guatemalteco, con la que procreó dos hijos: Rodrigo y Carolina. Obtuvo la nacionalidad mexicana en 1950, y a pesar de no haber recibido una educación formal, fue un lector ávido, apasionado de la historia, la geografía y las matemáticas. También gustaba de realizar trabajos manuales reparando desperfectos y averías en su hogar. Como persona, fue un hombre de gran temperamento y energía, pero de un corazón de oro y una simpatía a prueba de todo. Fue sumamente amable y cariñoso, sobre todo con los niños. Un hombre de familia, padre amoroso y entregado, amigo leal y desinteresado, que se ganó el cariño de muchos de sus compañeros del doblaje de voz, quienes lo bautizaron con el apodo afectuoso de “El Gordito Bianchi”

Su complexión rotunda, aunada a las enfermedades y el estrés que le generó perder sus ahorros en dólares tras la catastrófica devaluación de 1982, le ocasionaron un disgusto profundo y una insatisfacción que culminaron con un infarto fatal al miocardio a las tres y media de la madrugada del 26 de agosto de 1982, en un hospital de la capital mexicana. Un personaje entrañable había partido para siempre, un hombre en apariencia tosco, pero de gran alma y talento artístico. Otra de las grandes estrellas poco reconocidas en la actualidad que solo hasta 2015 recibió un reconocimiento en su natal España. Sin embargo, aún queda por saber y redescubrir, para México y el mundo, el legado de aquel hombre agradable y simpático, que fue Guillermo Álvarez Bianchi.

Los esperamos la próxima semana con más Historias del Doblaje






Relacionados