Víctor Alcocer, El Baquetón

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

Hoy es el turno de uno de los actores quizás más conocidos dentro del doblaje de voz, uno de los pocos que lograron transitar con éxito desde el cine, la tv, el teatro y otros medios al doblaje de voz y ser reconocidos en todas las especialidades donde se presentaron.  Una voz recordada a través de las décadas hasta el día de hoy. La historia de un actor yucateco de voz imponente y simpática personalidad: Víctor Alcocer.

Víctor Alcocer (Foto cortesía de Salvador Nájar, Archivo Personal)

José Víctor de los Santos Alcocer Gómez (su nombre de nacimiento) vio la luz del mundo un día 23 de marzo del año 1917, en la capital del estado de Yucatán.  En su juventud, antes de ser actor, fue ganadero y militar. Justamente cuando terminó su servicio militar en la fuerza aérea mexicana, a finales de los años cuarenta, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, es que conoció a quien sería uno de sus grandes amigos de toda su vida, Pedro de Aguillón. Ambos probarían fortuna en varias ciudades fronterizas de EUA y México; Actuando en la radio como locutores y anunciantes callejeros, antes de que Víctor emigrara a Sonora, donde contrajo matrimonio con una mujer de nombre Socorro Robles, quien sería la madre de sus hijos José, Víctor, Elisa y Jorge. Poco tiempo después, la experiencia de Víctor en la radio, lo llevó a trabajar en el cine mexicano, donde debutó en la película Humo en Los Ojos (1946), además de ser contratado por la MGM como parte del prestigioso grupo de histriones en el proyecto de doblaje de voz en español, a realizarse en la ciudad de Nueva York. Allí, prestaría su voz a Joseph Cotten en la famosa cinta iniciadora del proyecto de la compañía del león rugiente, Luz que Agoniza (1944), y otros actores como Leyland Hogson en El Hijo de Lassie (1945), Douglas Walton en El Motín del Bounty (1935), entre otros. Al regresar de Nueva York, se estableció en la Ciudad de México, donde trabajaría como actor de radio, cine y teatro. Apareció al lado de estrellas del cine mexicano como Cantinflas, Pedro Infante, Resortes, El Piporro, Sara García, Carlos López Moctezuma, Pedro Armendáriz, Joaquín Cordero, Narciso Busquets, etc. La televisión le dio cabida en los años cincuenta, actuando en series y telenovelas como Los Hermanos Coraje (1972), Los Bandidos de Río Frío (1976), Corazón sin rumbo (1980), Pobre Clara (1975) y, quizás la que le dio más fama como actor de comedia en la TV, Los Polivoces (1977), donde participó al lado de la también actriz de doblaje española, Carmen Salas, en el segmento Henruchito. Como locutor, fue durante un tiempo la voz oficial de XHTV, el canal 4 de la capital mexicana. Además de anunciar el Tequila Sauza conmemorativo en 1980, y ser la voz del Águila del Banco Serfín (1979-1986).

Foto: Wikipedia

Desde el inicio de su carrera, quizás una de las características más distintivas y apreciadas por los productores de los medios audiovisuales hacia Víctor, fue su voz: Grave, atronadora, resonante, profunda, digna de un bajo operístico; además de poseer una fluidez y dicción impecables, fue lo que le dio el paso definitivo al doblaje de voz, donde trabajaría durante la mayor parte de su carrera en la empresa CINSA. Entre los personajes a los que sonorizó con su voz, destacan Herman Munster en Los Munsters (1966), Matute en Don Gato y su Pandilla (1962) El Jefe en El Super Agente 86 (1966). John Cannon en El Gran Chaparral (1971) El Guasón en Batman (1966), Telly Savalas en Kojak (1974). Borlis Karloff en el papel del monstruo de Frankenstein en las cintas Frankenstein (1931) y La Novia de Frankenstein (1935), Orson Welles en Casino Royale (1966) y Sed del mal (1958), y Anthony Quinn en Zorba el Griego (1964), El Rebelde (1967) y El salvaje Oeste (1980). También fue muy conocido por prestar su voz a los célebres luchadores El Santo y Blue Demon en muchas de sus películas. El alto perfil de sus trabajos en doblaje, además de la personalidad despreocupada, afable, bromista, simpática y desenfadada del señor Alcocer, lo convirtieron en un personaje de gran fama y prestigio en los medios audiovisuales mexicanos.

Pero de nuevo, fueron sus compañeros del doblaje de voz quienes lograron conocer más a Víctor, quien había recibido el apodo del Baquetón por su personalidad desentendida, bohemia y relajada. Un gran aficionado al tequila, al vodka y al buen tabaco. Gustaba amenizar reuniones familiares, hablando de su fructífera y larga carrera, además de tener como pasatiempo la carpintería, donde fue un destacado trabajador de la madera. Afecto a contar chistes, bromas, sarcasmos y dobles sentidos, Alcocer no dejaba indiferente a nadie con su ingenio y personalidad magnética, provocando las risas de la mayoría de aquellos que se daban cuenta de su presencia en cuanto cruzaba el marco de la puerta.

En 1980, fue invitado inesperadamente a Chile, donde fue entrevistado en la televisión chilena con motivo del éxito arrollador de la serie Kojak, en la que le prestaba su voz a Telly Savalas, quien, al conocer a Víctor, en una reunión organizada por el dueño de CINSA y CBS, la productora de la serie Kojak, dijo admirar su voz, y haber deseado tener esa voz para ser un mejor actor.

El gran cambio de fines de los años setenta en la industria del doblaje de voz y el gremio actoral dedicado a esta, hizo que las apariciones de Alcocer empezaran a ser cada vez más escasas en las producciones con traducción sincrónica, sumado a un lento y constante declive en su salud, producto de la vida hedonista y liberal que tuvo desde su juventud. El 2 de octubre de 1984, su corazón se detendría para siempre, mientras estaba a bordo de un vuelo comercial que salía de la capital mexicana. Víctor siempre tuvo miedo a volar, y quizás aquello, sumado a su salud cada vez más delicada, contribuyeron a darle aquel quinto y último infarto, después de haber sobrevivido cuatro a lo largo de su vida adulta, hazaña casi sobrehumana para cualquier persona normal.

Una voz extraordinaria y una personalidad más larga que la vida, cesaban de existir, curiosamente en el mismo año en el que Rodolfo Guzmán Huerta, El Santo, también fallecería a la edad de sesenta y siete años. Sus bromas, su personalidad, y su simpatía, siguen siendo motivo de buenos recuerdos para los actores que trabajaron con él, además de su siempre impecable calidad actoral. Una de las estrellas del doblaje en México que contribuyeron a darle la calidad por la que fue reconocido, nunca será olvidada.

Nos vemos la próxima semana con más Historias del Doblaje

 


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