Santiago Gil, el niño prodigio

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje

No fueron pocos los actores y actrices en el doblaje de voz que iniciaron su carrera desde su más tierna infancia. Contrario a lo que suele suceder en el medio artístico, siempre lleno de excesos y situaciones adultas y complejas para los infantes, en el doblaje de voz, las niñas y niños histriones, en su mayoría se convirtieron en talentosos intérpretes no solo de la sincronización actuada, sino del arte dramático en general. En esta columna nos toca la historia de Santiago Gil, actor pionero del doblaje mexicano desde los años cuarenta.

El 7 de octubre de 1932 vio nacer a un niño, hijo de Santiago Gil Sr. y Pilar Sánchez, en la ciudad de Veracruz, estado de Veracruz. Víctor Santiago Gil Sánchez fue el nombre del pequeño al ser bautizado en la parroquia de la ciudad.  Tiempo después, la familia Gil Sánchez emigraría a la capital mexicana en busca de bonanza económica, y es ahí donde los hermanos Gil Sánchez desarrollarían sus carreras. La del joven Santiago, comenzaría a finales de los años cuarenta, cuando por azares del destino, conoció a Carlos David Ortigosa, quien laboraba en la XEW y los estudios Churubusco, habiendo regresado de realizar doblaje de voz para la MGM en la ciudad de Nueva York. En esta ocasión, los estudios Churubusco habían establecido un convenio con varias productoras cinematográficas europeas para intentar entrar en el mercado latinoamericano. Debido a que el doblaje de producciones norteamericanas se había vetado, muchas productoras europeas vieron una oportunidad de colocar sus productos audiovisuales en el gusto del público latinoamericano.

Manolito Montoya por la voz de Santiago Gil en El Gran Chaparral (Foto: Wikimedia

Santiago fue escogido por el célebre licenciado Ortigosa, y fue parte de un pequeño grupo de actores que doblaron largometrajes europeos a finales de los cuarenta, en los mismos estudios Churubusco y con Carlos David Ortigosa como el director de diálogos de muchas de las producciones. El proyecto finalmente marchó y terminó sin mucho éxito, pero la experiencia adquirida permitió al joven jarocho ingresar en la prestigiosa XEW, donde participó en muchas radionovelas y radioteatros, además de programas publicitarios patrocinados por Colgate-Palmolive. Allí, finalmente Santiago descubriría su vocación como actor y locutor, siendo uno de los actores jóvenes más solicitados de la época.  En esa misma década de los años cincuenta, también realizaría incursiones en el teatro y la televisión. Y como fue natural, en 1953 tocó a su puerta el doblaje de voz. La empresa Rivatón de América sería la primera que lo recibiría y donde aplicaría su larga experiencia como actor de radio y de doblaje. Más tarde, el resto de las empresas de doblaje, como CLADSA, SISSA, Sonomex y especialmente CINSA, lo llamarían para actuar en las producciones boyantes de actuación sincrónica. Fue precisamente en CINSA, la empresa de su viejo amigo y compañero Carlos David Ortigosa, donde laboró más, llegando a ser director de diálogos, traductor, adaptador y uno de los lugartenientes de mayor confianza del empresario judío.

Santiago Gil fue la voz de Robin en la serie de 1966. (Foto: Wikimedia

Fue en la compañía de Ortigosa donde actuaría sus papeles más recordados, como Robin en la serie de Batman de 1966, (Recordado por frases, como ¡Santos Murciélagos, Batman!), la voz original de Charles Ingalls en La Familia Ingalls (1974), Espanto en Don Gato y su Pandilla (1961), George de la Selva en la caricatura del mismo nombre de 1967,  Manolito Montoya en El Gran Chaparral (1971), Dinamita, en la serie del mismo nombre (1976), la voz de Shaggy Rogers de las producciones de Scooby Doo dobladas en CINSA, Lancelot Link en la serie homónima de 1970,  entre muchos otros.  Fue también la voz de Pepe en la cinta mexicana animada Los Supersabios (1978) Como director de doblaje fue exigente pero amable, siempre conservando la calma y tolerando hasta a los más difíciles actores en carácter o en disciplina.  Como actor, fue sumamente versátil y adaptable, siendo capaz de caracterizar desde niños hasta ancianos y personajes animados con enorme maestría, llegando a un punto en que era irreconocible entre cada una de sus mil voces. En los años sesenta se casaría con una mujer de nombre Olivia López, con quien procrearía varios hijos, Santiago Jr., Olivia, Elia y Dulce.  Su sobrina contraería matrimonio con otro destacado joven prodigio del doblaje, Salvador Nájar.

Dotado de un carácter alegre, bromista, simpático, con facilidad para la comedia, una amabilidad, sentido humano y paciencia sin límite, así como una cultura y sensibilidad artística envidiables, Santiago conservó su alma de niño, espíritu sensible y feliz hasta sus últimos días de vida. Los conflictos sindicales de la ANDA a fines de los setenta mantuvieron en vilo al gremio del doblaje, provocando tensiones y nervios entre los miembros de la especialidad. Santiago no fue la excepción, estando obligado a responder por sus cuatro hijos y su mujer.  Justamente, ocurrió lo triste e inesperado un 4 de noviembre de 1978, cuando Santiago, siempre aficionado al baile y a la fiesta, se retiró a dormir, en medio del bullicio de una fiesta familiar en su casa en la capital mexicana. No despertaría de nuevo. Un infarto masivo le arrebataría la vida, muriendo pacífica y tempranamente a la edad de cuarenta y seis años.  Santiago fue un director y actor cuyo talento brilló a una edad temprana, pero se extinguió también a una edad temprana. Dejó su legado no solo en sus personajes actuados y en su esmerada dirección de doblaje, sino también en su familia, a quienes amó y a quienes cuido hasta que sus días terminaron.  Una dulce alma de niño, para siempre, vivió en Santiago. Una alegría y candidez que jamás se extinguió pese a las adversidades y reveses de la vida.

Nos veremos la próxima semana con más Historias del Doblaje






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