Pedro de Aguillón, el Pilarón del Doblaje

Adrián Gundislav – Historias del Doblaje
En Busca del Doblaje
De nuevo, esta vez toca el turno a un actor legendario que formó parte de las filas de los histriones llamados por la MGM para trabajar en el doblaje de voz en la ciudad de Nueva York. Un hombre sencillo, humilde, pícaro y afable, dotado de gran simpatía y talento multipotencial como fotógrafo, músico y, desde luego, actor. El señor Pedro de Aguillón García, quién trabajaría en el arte dramático desde los años treinta hasta su muerte, a inicios de la década de los dos mil.

Pedro de Aguillón García nació el 28 de julio de 1915, hijo de Pedro Aguillón y Florinda García, en La Fama, Nuevo León. En su pueblo natal estudió la escuela primaria, y al cumplir los catorce años, inquietado por el arte, decide emigrar a Monterrey para estudiar canto y música. Tras concluir sus estudios, la radio llamó su atención, por lo que entró como mozo a la estación radial de Monterrey llamada XEX en el año de 1935. En una ocasión, en el año de 1937, un locutor faltó a cumplir con su trabajo, lo que hizo que el joven y arriesgado Pedro se convirtiese en el reemplazo inmediato del locutor ausente. La jugada salió perfecta para Pedro, quien se ganó la simpatía del director de la estación y no dudó en emplearlo como locutor debido a que su voz funcionaba para la radio. En aquel mismo año, conocería a uno de sus más grandes amigos, Víctor Alcocer, alias el Baquetón, un hombre tan despreocupado, desenfadado y bromista como él, que acababa de servir en la Marina. Con Víctor trabajó por el resto del año 1937 en las ciudades de Laredo, Austin y Houston, tanto como locutores y actores de radio, como anunciadores móviles. Al año siguiente, los amigos se separaron en busca de nuevas oportunidades laborales, lo que llevó a Pedro a establecerse temporalmente en Tampico, trabajando en una estación de radio local. Posteriormente regresaría a Monterrey, donde intervendría en un programa llamado el Club de los Hogares Felices, en la estación XEFB. Contrajo matrimonio en 1941 y en 1942 emigra a la ciudad de México, donde adquiere su licencia como locutor, lo que le abrió las puertas a la prestigiosa y renombrada XEW, donde trabajó con luminarias de la radio como Carlota Solares, el Panzón Panseco, Juan S. Garrido, Salvador Carrasco, entre otros. La radio le dio gran prestigio actoral y experiencia, que le permitió ser contratado en el flamante y novedoso proyecto en ese entonces, que la MGM había establecido para hacer doblaje de voz con actores de habla hispana en la ciudad de Nueva York. Es allí, en la urbe de hierro, donde obtiene su primer contacto y primer papel protagónico en el mundo del doblaje de voz, dando voz a Frank Sinatra en Leven Anclas (1945). Durante su contrato para la MGM, dio también su voz a Thomas Mitchell en El cisne Negro (1942) y Las llaves del Reino (1944), y a Hume Cronyn en El Cartero llama dos veces (1946). En medio de sus viajes a los Estados Unidos para realizar doblaje, realiza sus primeras incursiones en el cine mexicano, siendo la cinta La Sombra de Chucho el Roto (1945), su debut en el celuloide. De allí en adelante, empezaría una prolífica y brillante trayectoria en la pantalla grande, destacando en roles de comedia, aunque también realizó papeles serios. Trabajó con muchas de las grandes figuras de la época dorada del cine mexicano, como Germán Valdés, Cantinflas, Pedro Infante, Joaquín Pardavé, Antonio Aguilar, Silvia Pinal, Sara García, entre muchos otros. En 1954, fue nominado para el Ariel de Plata al Mejor Papel de Cuadro Masculino, por la película La isla de las mujeres (1953) y, en 1957, recibió ese mismo premio Ariel, por el filme El inocente (1956), al lado de Pedro Infante y Silvia Pinal.

La televisión incipiente de los años cincuenta en México también lo vio actuar, además del teatro de comedia, donde trabajó con su amigo inseparable, Víctor Alcocer. Fue natural que, con la explosión de empresas de doblaje para televisión a inicios de los años cincuenta en la capital mexicana, fuera requerido como actor en las series americanas en boga. Trabajó en prácticamente todas las empresas de doblaje de la época, destacando en papeles animados y live action como San Pedro, en la película Quo vadis?(1951); Cisco Kid (1953); al Capitán, de la serie La isla de Guilligan (1964), M en 007 contra Goldfinger (1964), al Padre Merrin en el doblaje original del Exorcista (1973), al Oso Hormiguero en la versión animada de La pantera rosa (1969), a Santiago Corleone, en el filme El Padrino (1972), a Caifás, en Jesús de Nazaret (1981) y al General Phillip, en la cinta Depredador (1987). En sus últimos años de carrera, doblaría al personaje Mitsumasa Kido en la famosa serie anime Saint Seiya (1986) y a Powhatan en Pocahontas (1995) y Pocahontas 2 (1998), en esta última sería registrada su aparición final en el doblaje de voz. En el cine, se retiraría de trabajar en el año de 1982, y en 1995 grabaría un disco de poemas y declamaciones.

Don Pedro de Aguillón siempre se caracterizó por su sentido del humor, carisma, picardía y comicidad natural. Fue aficionado a la fotografía, realizando retratos de la vida cotidiana en la ciudad de México en los años sesenta y setenta, que iban desde los más altos ejecutivos de las empresas de medios hasta los barrenderos, vendedores ambulantes y recogedores de basura. Le gustaba recorrer los mercados populares en busca de baratijas y antigüedades curiosas, y en algunos de ellos, encontraba jocosas narraciones y poemas que solía recitar en absoluta seriedad y solemnidad, para las risas de sus compañeros en el doblaje de voz.

Desgraciadamente, don Pedro dejó de existir el 5 de diciembre de 2002 en la Ciudad de México, víctima de la diabetes que padecía. Su legado vive en su hijo, Pedro de Aguillón Lozano, nacido en 1947, quien es, desde mediados de los años setenta, un destacado actor y director de doblaje de voz, quien aún continúa en activo. Sus compañeros de doblaje solo pueden recordar su contagiosa y agradable personalidad, repleta de alegría y humor, que se veía plasmada no solo en sus papeles como actor, sino en la vida diaria y en el trato interpersonal. Su apodo, El Pilarón, se lo otorgó como una burla a sí mismo por la reverencia que muchos actores de doblaje le daban a los más antiguos en la profesión. Y eso, fue solo una muestra de la gran humildad y calidad humana de don Pedro, quien siempre puso una sonrisa en el rostro de todos aquellos que lo conocieron.

Quizás, hemos de cerrar esta columna con la más famosa de sus narraciones, que inmortalizó en audio en el año de 1995, que se tituló “Cuando no te lo lavas, Magadalena” inspirado en la bíblica María Magdalena:

“…Cuando no te lo lavas, Magdalena,
y al natural lo toco y te lo veo,
me huele a no me olvides, a boleo,
a nenúfar, a azahar, a Verbena.
Me huele a mejorana, a hierbabuena.
Y en mi amoroso y loco devaneo,
mientras más te lo huelo, ¡humm!,
más lo creo: que eres flor sedosa,
linda nena.
¡Ahh! pero cuando te lo lavas, reina mía,
cuando te lo lavas, reina mía,
me huele a Liquidámbar, a rosa y a poesía.
Mas, saturado de su olor a cielo,
¡qué bien te huele, te digo, niña hermosa,
lavado y sin lavar… tu lindo pelo!”

Nos veremos la próxima semana con más Historias del Doblaje

Fuentes

Salvador Nájar, 2007, 193-197

Documental Vida y obra de Pedro de Aguillón. Página oficial en Facebook. 2011.
https://www.facebook.com/335999912983/videos/10150867667580524/
https://www.facebook.com/335999912983/videos/10150868115675524/