Efecto Doppler

Ridículas Casualidades
Manuel Augusto

All this running around, well it’s getting me down
Just give me a pain that I’m used to
I don’t need to believe all the dreams you conceive
You just need to achieve something that rings true

A Pain That I’m Used To — Depeche Mode

No todo está perdido


¿Dónde está mi pulquero? Quiero creer que está bien. Ya iban varios días que una patrulla merodeaba la zona. Mala señal. Que porque la quieren limpiar de viciosos. Nel qué, quieren su mordidita nomás. Escuché por ahí, con los de siempre, que no hay malas ni buenas señales, solo señales, así a secas, que no se puede andar cargando pa’ un lado la vida, ni para bien ni para mal. Es por eso por lo que la señales se extienden más hondo que le infierno y más alto que el cielo, porque solo son eso, señales. Qué grande y qué vacío se mira el árbol bajo el que estacionaba su moto, su burro de dos llantas decía. Ya no sé si está vacío o más bien está lleno de soledad. ¿Será esa una señal? Pulquero, no hay pulcatas, se hace la pulquería al pulque tomar, pero sin uno ni otro, ¿qué nos queda?

Limpia tu karma


Salió del budismo tan rápido como entró. Duró el número de días que tardaron en llegar al tema de la rencarnación. El susto le hizo sudar frío antes de salir corriendo. No quería saber nada de eso, era incapaz de soportar siquiera la idea de otras vidas igual de pinches que la actual. Limpia tu karma, fue lo último que escuchó antes de emprender la huida para perderse en la inmensidad de la ciudad. En el metro de camino al barrio el bombardeo mental no paró. Es que está difícil, por no decir cabronsísimo, se decía. Aquí si no chingas, te chingan. Así de fácil, es la ley de la jungla, hay que estar al tiro hasta dormido por si se quieren pasar de lanza. Si no es el de arriba, son los de abajo. Más vale ser un culero que el pendejo de alguien. Además, a estas alturas mi mentado karma ya está más sucio que los baños de la villa en 12 de diciembre. Y deja tú, lo peor sería tener que vivirlo todo otra vez. Chale, ¡qué flojera, cainal! Rencarnar sin saber hablar ni caminar. Paso. Y luego, ir otra vez a la escuela y no saber quién fue Benito Juárez ni en qué día nació. Si me valió en esta vida, mucho más en la que viene, la neta. Y todo para qué, ¿para volver a tener un puesto de clones y mp3? Y ni hablar de volverme vegetariano. Nel, eso no es lo mío, prefiero el infierno que mi jefecita tanto me profesó. ¡Claro, y los tacos al pastor! Esos para nada los dejo, me vale que me esté comiendo a mi jefa. O a la tuya.

Me caí en un bachecito


Bue…

Un momentito, si me hace el favor, señorita. No, quedamos en que a ti te tocaba ir los martes, jueves y sábados y a mí el resto de los días, ¿y qué día es hoy, mamacita? Exacto, así que pélate, pero ya antes de que llegue el patrón. A mí me traes una de chicharrón rojo y otra de hongos. Y ahí les preguntas a las demás porque hoy no me pasaron el pedido. No, a mí no me tocaba, ya habíamos quedado, yo te iba a hacer el favor de darte el pedido de las demás, pero no alcanzaron. Ten y no te hagas la maga con el cambio, sé muy bie… Sí, nada más permítame tantito, señorita. Sé muy bien cuánto cuestan, ¡eh! No te vayas a querer pasar de lista, al menos no conmigo, ya si te quieres tranzar a las demás, pues allá tú, a mí no me importa. Ahora sí, discúlpeme señori… Ah, cómo chingas. Ya te dije que sí te toca ir a ti, y mira, aunque no te tocara, yo estoy muy ocupada atendiendo a una clientita y todavía tengo cuatro coches para alineación y balanceo, ¿que no ves? Mira, ultimadamente yo llevo más años trabajando aquí, tengo más antigüedad, que no más años que tú de vida, que no se confunda. Así que más respeto, ¿no? Ay, usted disculpe señorita, pero es que ya ni eso pueden hacer, está viendo que estoy ocupada y sigue dale y dale con lo mismo, que si yo, que si soy una abusiva, que si ella ha ido toda la semana. Mire, la verdad sí, y me vale, aquí la que manda soy yo. ¡Pues ésta! Si no sabe cómo son las cosas mejor que ni hable. Yo en algún momento estuve como ella y ni modo, hay que aguantarse, como dicen, hacer de tripas corazón. ¿Apoco yo me puse a llorar o a pelear por ir por el desayuno? No chula, para nada, me aguanté y mire, aquí sigo y seguiré. ¡Pero bueno, parece que no quieren desayunar! ¡Ándale muchacha, apúrale! A estas horas no va a parecer desayuno sino comida. ¿No le digo? Y mire señorita, le apuesto lo que sea que nomás por canija a mí me va a entregar hasta el último. Y con el hambre que tengo. Bueno, es que para corajes aquí no acaba uno, oiga. Y luego la gastritis no me deja, pero ya vio usted, así una no se puede aliviar. Pero bueno, a cambiar esa actitud, porque de seguro ya sabe eso que dicen, eso que está de moda, que lo que uno piensa es lo que atrae. No, y es verdad, es física pura, los polos positivos se atraen y los negativos se repelen, ¿no?, ¿o cómo era? Total, que el chiste es que uno tiene que siempre pensar positivo y ahuyentar todo, todo, todo lo malo. Ahora sí, dígame, ¿en qué puedo servirle?

Pues es que fíjese que me caí en un bachecito…

Efecto Doppler


Es cierto que cuando los sentidos se van perdiendo, el último en irse se agudiza en proporciones de un Jedi. Por eso escucho perfectamente, al grado de calcular a qué distancia se encuentra la fuente del sonido con un margen de error mínimo, casi despreciable. Alcanzo a diferenciar con gran precisión el sonido de los motores de coches alemanes, japoneses y norteamericanos, marca y modelo; además me convertí en experto en deducir la velocidad en la que avanzan recorriendo las calles alrededor de mi casa. Soy capaz de identificar más de cien tipos de aves por sus sonidos además de toda la variedad de grillos que existe bajo este techo e incluso alacranes, aunque algunos dicen que no producen ningún sonido. Los tipos de calzado los domino con la mano en la cintura. Consigo reconocer la mayoría de los canales de televisión abierta en cuestión de segundos. Así como las estaciones radiales de FM, es que cada una tiene un sonido peculiar, un tanto por la ecualización de la estación y otro tanto por la calidad de la señal, esa es la firma de cada estación. Sé con precisión milimétrica el grosor de las hojas de los libros en mi librero, el material y hasta la editorial con tan solo hojearlos. El sonido de mi campana viaje por todo el cuarto, rebota y vuelve a mí como un sonar. Logro distinguir una de entre más de cien voces en una sala, abierta o cerrada es indistinto. También memorizo sonidos con facilidad magistral. Pero no puedo moverme de esta cama. Atado a este buque sin velas ni mar, lo único que escapa del cuarto es mi mente; parece que ni la luz fluorescente logra hacerlo. Después de alcanzar este nivel (nótese el eufemismo), entre el día y la noche no hay diferencia. Los moscos zumban y revolotean al oído a cualquier hora. El bullicio de la calle no es menor por la noche cuando se vive a un lado de una fábrica de tres turnos. A veces cierro los ojos deseando ver, pero todo es gris, hasta los colores en la mente se van perdiendo. A veces abro los ojos implorando ver, pero la luz de los focos tubulares me ciega, me nublan lo que queda de vista. Por eso prefiero cerrarlos y dejarme llevar por lo que escucho. Y esta noche escucho una ambulancia que no está tan lejos, a seis cuadras en dirección poniente. Aprieto los párpados aún más. Espero que sea la ambulancia que viene por mí al fin, que me desate de esta cama, que me libere de este sufrimiento. Cuatro cuadras ahora. Espero que mi cuerpo finalmente ceda, que se rinda después de tantos años de lucha. Pero esta noche no. La ambulancia se acerca lo suficiente, pero no se detiene, continúa su recorrido hacia el oriente hasta que su sonido me resulta imperceptible. No es hoy, ni es mi destino. Aún no.

 






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