Carlos David Ortigosa y CINSA: La fiesta del doblaje (2a Parte)


Adrián Gundislav – Historias del Doblaje

En Busca del Doblaje

Gracias a la diplomacia, astucia, ecuanimidad, calidez y empatía que el señor Carlos David Ortigosa tuvo para con los actores a su cargo, la empresa CINSA lograría una calidad increíble en el doblaje de voz en español, misma que hasta el día de hoy sigue siendo un hito y ejemplo para generaciones posteriores de esta especialidad. Por la empresa CINSA desfilarían algunos de los más grandes actores de cine, tv, radio y teatro de la época, traídos a la compañía debido a las extraordinarias habilidades de persuasión del señor Ortigosa y a la generosa remuneración económica que el abogado judío les ofrecía. Hoy, continuaremos con la saga de la casa de doblaje de voz que le dio prestigio y reconocimiento a México en el mundo.

Si te perdiste la primera parte:

Ya asociados, los empresarios Lerner y Ortigosa decidieron buscar algún inmueble en el cual establecerían su nuevo negocio de doblaje de voz. El local obtenido fue una casa en la Colonia del Valle en la Ciudad de México, concretamente en la calle de Porfirio Díaz No. 195. En ella, una vivienda de dos pisos, se adaptaron dos salas de grabación, además de una sala de descanso o comedor, cuartos para traducción, edición y oficinas. Dentro de la ubicación también estaba la sede de otra empresa propiedad de Robert Lerner, la empresa Multiteatros, que tuvo como representante al célebre actor y director Manolo Fábregas, y que llegó también a ser una de las empresas líderes del teatro en México. Una vez bien acoplada la nueva firma, el señor Ortigosa decidió llamar a los mejores actores de la época, no solo de doblaje, sino actores de radio, cine, televisión y teatro, además de incluir a sus colegas y viejos conocidos con los que había trabajado en Nueva York años antes. Cada actor o actriz nuevo y prestigioso que llegaba a trabajar a la empresa de Ortigosa, terminaba por convertirse en ocasiones en la nueva joya o nueva pieza de arte de la enorme colección de histriones talentosos que pisaron CINSA, cosa que llenaba de orgullo y regodeo a su propietario frente a otros empresarios del doblaje de voz. No solo la buena paga, que el abogado judío les ofrecía a sus empleados, ocasionaba que se quedaran laborando en el doblaje, sino también el ambiente fraternal, festivo, relajado, y en ocasiones, exuberante, dionisíaco, hedonista y poco convencional que se vivía entre las paredes de la compañía. Se podía comer, beber, fumar o hacer lo que uno deseara, siempre y cuando el trabajo quedase terminado en tiempo y forma. En ocasiones incluso se hacían apuestas y juegos de azar, aunque se suspendieron debido a ciertos conflictos que, naturalmente, se originan al apostar o jugar con dinero real.

Entre los actores y actrices que pasaron por las salas de doblaje de CINSA, estuvieron talentos de la talla de Víctor Alcocer, Bruno Rey, Narciso Busquets, Jorge Arvizu, María Antonieta de las Nieves, Velia Vegar, Carmen Donna Dío, Carlos Becerril, Juan José Hurtado, Omar Jasso, Julio Lucena, Caritina González, Yolanda Mérida, Santiago Gil, Carlos Roztinger, Pedro de Aguillón, José y Jorge Lavat, Azucena Rodríguez, Oscar Morelli, Carlota Solares, Alma Nuri, Salvador Nájar, Héctor Andremar, Victor Guajardo, Alberto Pedret, Dagoberto de Cervantes, Carlos Riquelme, los matrimonios compuestos por Ismael Larumbe y Amparo Garrido además de Raul Leonel de Cervantes y Magdalena Ruvalcaba, Dulcina Carballo, Rubens Medel, Germán Robles, Liza Willert, las hermanas Rosario y Dolores Muñoz Ledo, las hermanas Rocío y Silvia Garcel, Teresa Selma, Roberto Cardín, Guillermo Romano, Beatriz Aguirre, entre muchos otros.

La pléyade de profesionales que se reunieron para laborar en la compañía, dotó de una gran calidad a la traducción sincrónica que se realizaba en ella, tanto que llegó a ser reconocida entre las empresas de doblaje como la más restrictiva y difícil de entrar, pero que a la vez tenía a la élite actoral del doblaje de voz. Y no sólo los histriones eran los mejores, sino también los directores de diálogos estarían entre los más reconocidos, exigentes y excelentes del gremio. Podemos mencionar, entre los directores de diálogos a grandes como Narciso Busquets, uno de los mejores actores de la empresa, además de contar con una experiencia titánica en el doblaje de voz, Dagoberto de Cervantes, otro actor y director incomparable que, como mencionamos en la columna dedicada a su vida, fue el responsable de la creación del estilo teatral del doblaje de voz, y que terminaría por convertirse en lo que hoy , algunos investigadores, trabajadores y aficionados al tema, llamamos el estilo “clásico” del doblaje de voz.

Salvador Nájar, quien al igual que Narciso, fue un niño prodigio del doblaje que evolucionó para convertirse en un joven y adulto de sobrada calidad dramática y humana, y que terminaría por convertirse en el primer historiador del doblaje de voz en México. El mismo Licenciado Ortigosa, quien de vez en cuando dejaba de lado sus labores de abogado y empresario para dirigir doblaje de voz, Víctor Guajardo, un locutor y productor de radio dotado de una voz grave, profunda y potente que contrastaba con su afable personalidad, Magdalena Ruvalcaba, una estupenda actriz de sentido del humor ácido y negro, de ideología feminista y de gran corazón, que sería la primera directora de doblaje de voz en México, cuando laboraba en la empresa Tompkins y Asociados y más tarde en CINSA. Otros directores destacados fueron Jorge Arvizu, casi siempre dedicado a dirigir el doblaje de series cómicas y caricaturas, Santiago Gil, Roberto Espriú, Juan Domingo Méndez, Liza Willert, Luis Rizzo, Germán Palomera, Eduardo Tejedo, José Lavat, Víctor Mares, Carlos Rotzinger, entre otros.

La saga de la empresa CINSA, fascinante y tristemente, es imposible de resumir en una sola columna. Por ello, nos veremos la próxima semana con la conclusión de esta gran historia del Doblaje.

Fuentes

El doblaje de Voz, Salvador Nájar, 2007. Págs.: 402-412.

 





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