Carlos David Ortigosa y CINSA: La fiesta del doblaje (1a Parte)


Adrián Gundislav – Historias del Doblaje

En Busca del Doblaje

Como lo prometimos en ediciones anteriores, en esta ocasión toca el turno de revisar la historia de uno de los empresarios más importantes en la época dorada del doblaje en México. El señor Carlos David Ortigosa, quien fundaría una de las mejores y más reconocidas empresas de doblaje. Hoy inicia la saga de CINSA, quizás una de las grandes empresas que marcarían un parteaguas en el doblaje de México y América Latina, y que contribuyó a consolidar a nuestro país como una de las potencias mundiales del doblaje de voz.

Carlos David Ortigosa nació en 9 de diciembre de 1915. En el seno de una familia judía de pocos recursos económicos, su nacimiento no pudo ser registrado, ni él pudo ser bautizado a la usanza hebrea debido a la trifulca revolucionaria iniciada en 1910. A pesar de su pobreza, logró ser un alumno destacado en la Escuela Nacional Preparatoria, y más tarde como alumno de Derecho en la UNAM. Es en 1938 aproximadamente que el joven Carlos recibió su primera oportunidad de incursionar en el medio artístico, justo cuando cursaba su penúltimo año de la carrera de abogacía. El educador y erudito Álvaro Gálvez y Fuentes dejaba su lugar como locutor de Radio Universidad, por lo que, fue convocado un concurso para buscar un reemplazo del señor Gálvez y Fuentes. El joven Ortigosa ganó la plaza. De allí inició una pujante trayectoria como locutor y más tarde como actor de radionovelas, en la XEW. Fue también narrador de noticias en el noticiero Cine Mundial, también de la XEW. Al concluir su carrera en 1939, se dedicó a ejercer como abogado de asuntos migratorios en la oficina de su cuñado. En 1940 decide incursionar en el periodismo, con el periódico El Universal abriendo sus puertas para él como redactor de la sección deportiva. Al morir el jefe de la sección deportiva seis meses después, Ortigosa ascendería como el nuevo coordinador de dicha sección. Es en el año de 1943 cuando decide contraer matrimonio, y al año siguiente, es cuando su vida comenzaría a cambiar de una forma que jamás se imaginó.

A finales de 1944, ya convertido en padre de su hijo Arturo, es seleccionado para prestar su voz a Gregory Peck en un ambicioso proyecto de la casa productora estadounidense Metro Goldwyn Mayer. Dicho proyecto de doblaje de voz, sería efectuado en los estudios de la empresa ubicados en la ciudad de Nueva York. Carlos aceptó el contrato y viajó junto con sus colegas mexicanos a la urbe de Hierro. Además de doblar voces, durante su estancia en la ciudad norteamericana aprendió a narrar los trailers de películas de próximo estreno y a escribir argumentos para cine. En 1947, la prohibición del gobierno mexicano contra el doblaje de voz para cine de películas norteamericanas emergió, concluyendo de golpe con el proyecto de Nueva York. Al regresar a México, Carlos se encontró trabajando para los estudios Churubusco, fundados por la productora americana RKO, como abogado de la casa cinematográfica. En su labor de leyes, el ahora señor Ortigosa se dedicaba a cobrar las deudas de los productores morosos con los estudios y a traducir los contratos en inglés de las productoras norteamericanas. Para sobornarlo o pagarle en especie, y evitar quedar inundados en las deudas, algunos productores empezaron a darle al señor Ortigosa papeles pequeños en el cine, o bien narrando las cintas.

En los estudios Churubusco a pesar de la ya mencionada restricción contra las películas estadounidenses, intentaron realizarse proyectos de doblaje de voz en español para cintas europeas. En dichas producciones, el señor Ortigosa ejerció como director de diálogos, apoyado en la experiencia adquirida como actor de radio y como parte del grupo de Nueva York con la MGM. Posteriormente, es contratado por la empresa Rivatón de América para narrar los noticieros en cine, y en ese mismo año, es cuando incursiona de nuevo en el doblaje, esta vez para la incipiente televisión mexicana. El papel más recordado del licenciado Ortigosa (como lo llamaban sus amigos, empleados y conocidos) en la empresa Rivatón, fue Boston Blackie (1951), con Kent Taylor como estelar, doblado al español con la voz del licenciado Ortigosa.

Es en 1957 cuando los ímpetus emprendedores del señor Ortigosa comenzaron a florecer, más allá de ser solo un simple empleado o trabajador de los estudios de cine y de doblaje. Al encontrarse con un viejo compañero del proyecto de la MGM, el empresario Tony Carbajal, recién desvinculado de su asociación con los hermanos Candiani en CLADSA, le presentó a otro judío norteamericano, Robert Warren Lerner, quien tenía intenciones de fundar una empresa de doblaje. Ambos empresarios, Lerner y Ortigosa, decidieron asociarse para dar a luz a una de las más grandes y respetadas empresas de doblaje de voz en habla hispana: En 1958, es fundada la empresa Cinematográfica Interamericana, S.A., mejor conocida por sus siglas CINSA. De nuevo, como hemos visto en muchas de nuestras historias, ninguno de los protagonistas sabía en aquel momento, al dar sus primeros pasos, el impacto y la trascendencia que lograrían sus acciones…

De nuevo, los esperamos la próxima semana con más historias del doblaje. No se pierdan la segunda parte de la historia de la empresa que cambió para siempre el doblaje de voz en México.

Fuentes

 





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